Capitolio

Gobiernos fallidos

Las encuestas fueron el instrumento favorito de Humberto Moreira para nombrar candidatos desde el Palacio de Gobierno y la presidencia del PRI. Como aspirante a la alcaldía de Saltillo y al gobierno del estado jugó bien sus cartas: si el PRI no lo postulaba, ganaría las elecciones por otro partido. También con encuestas defendió la candidatura de su hermano Rubén, en una reunión con el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, frente a los reparos de algunos de ellos por una sucesión inédita entre hermanos. Por supuesto, no les habló de la deuda de su sexenio por más de treinta y seis mil millones de pesos.Humberto Moreira cayó del PRI con la misma celeridad con que ascendió al cargo, donde duró apenas nueve meses. Enrique Peña lo echó a un lado cuando el escándalo de la deuda había escalado y empezaba a contaminar su imagen.Acaso también para acallar los rumores de que una parte de los pasivos tuvieron como destino las arcas de su campaña. La última vez que Peña y Moreira coincidieron en un acto público fue en Saltillo, el 1 de diciembre, en la toma de posesión del actual ejecutivo.Moreira dirigió cuatro elecciones para gobernador: en Coahuila, Estado de México y Nayarit, ocupadas por el PRI, el 3 de julio de 2011; y Michoacán, en poder del PRD, el 13 de noviembre. En las tres primeras, los candidatos priistas ganaron sin problema.Michoacán le brindaba a Moreirano solo la oportunidad de recuperar un estado donde el PRI había sido derrotado en las dos últimas elecciones—por Lázaro Cárdenas Batel y Leonel Godoy—, sino también la posibilidad de vengarse del presidente Felipe Calderón. Su hermana María Luisa era la candidata del PAN.La votación se dividió en tercios: Fausto Vallejo, del PRI-Verde, obtuvo el 35.4 por ciento; Luisa María Calderón, del PAN-Nueva Alianza, el 32.6; y Silvano Aureoles, del PRD-PT-Convergencia, el 28.8. Enfermo, con una legitimidad igual de precaria, una delincuencia ubicua e infiltrada en la administración estatal y en los ayuntamientos y sin ánimo para gobernar, Vallejo renunció. Así terminó la farsa que empezó con la imposición de Alfredo Castillo como comisionado presidencial.El gobernador del Estado de México puede terminar igual. Eruviel Ávila no era el candidato de Peña Nieto ni del grupo Atlacomulco en el poder, pero sí del líder priista. Sin embargo, las encuestas no solamente fallan, pues las hay al gusto del cliente, sino incluso cuando aciertan suelen arrojar malos gobiernos. Los de Moreira, Vallejo, Ávila y muchos más son ejemplos incontrovertibles. Humberto Moreira forma parte de los políticos condenados al ostracismo por su comportamiento, siempre entre el exceso y el escándalo. No de balde figura en la primera lista de los diez mexicanos más corruptos de la revista Forbes, correspondiente a 2013, junto con otros cuatro exgobernadores, todos del PRI: Andrés Granier, de Tabasco, preso por malversación de fondos públicos; Tomás Yarrington, de Tamaulipas, acusado en los Estados Unidos por lavado de dinero; Fidel Herrera, de Veracruz; y Arturo Montiel, del Estado de México. Los dos últimos señalados por enriquecimiento ilícito y por haber endeudado a sus estados.La nómina la completan Elba Esther Gordillo (SNTE), en prisión desde al año pasado; Carlos Romero Deschamps, líder petrolero; Raúl Salinas, hermano del expresidente; Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública en el gobierno de  Calderón; y Alejandra Sota, exvocera del presidente panista. 


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