Capitolio

Gobierno disfuncional

Si una región describe por su nombre la situación del país es Tierra Caliente. Aunque geográficamente comprende municipios de Guerrero, Michoacán y Estado de México, los conflictos políticos, económicos y sociales abarcan, en mayor o menor grado, a toda la república. El desencanto por los exiguos resultados del primer año de gestión del presidente Peña Nieto es general. Así lo reflejan analistas y medios de comunicación del país y el extranjero. Si el problema fuera solo de imagen, podría tener remedio. Pero no, existe preocupación por el futuro.
El plato fuerte del gobierno peñista son las reformas. No hay más. Sin embargo, las ya aprobadas, las que lo fueron a medias y las que están en proceso y podrían quedar solo en intento, tardarán años en madurar y mejorar las condiciones del país. El Pacto por México empieza a naufragar por falta de acuerdos políticos. Cada partido quiere imponerse a los otros sin resolver antes sus crisis internas. ¿Cómo atender la emergencia? Como se ha hecho siempre, con cambios en el gabinete. El de Peña ha sido disfuncional desde un principio.
Mas para tener un gabinete a la altura de las circunstancias, no bastará hacer enroques y desechar algunas piezas. Hacerlo equivaldrá a tratar de ganar tiempo. ¿Para qué? Para que el proyecto consolide, lo cual no es seguro que suceda. La percepción sobre Enrique Peña, previa incluso a su elección, es que no tiene talla de estadista. La idea la confirma su hasta hoy titubeante desempeño. ¿Qué le ha impedido crecer al gabinete? En primer término, su falta de estatura. En segundo, que el presidente no le tiene confianza. De otra manera, los secretarios mandarían en sus respectivas áreas y no los subalternos, como ocurre ahora, por decisión del mandatario.
En una plática entre amigos, uno de ellos protestaba por lo mal director que ha resultado Alejandro Murat Hinojosa en el Infonavit. El funcionario es hijo de uno de tantos gobernadores sátrapas que el país ha tenido: el oaxaqueño José Murat Casab. “Desconoce el sector, daña a la industria de la construcción y vuelve a prácticas pasadas”. Burocracia, corrupción. “Sí, pero ese ‘muchachito’, como tú lo llamas, tiene estudios en Londres y otras universidades extranjeras”, replicó otro de la mesa.
“Estudiar en las mejores universidades pude dar títulos, pero no extirpa las mañas escritas en el código genético. En todo caso las refina, pero al final el resultado es siempre el mismo: ganan unos, pierde el país”, acoto.
Una de las cuestiones que se critican de la reforma energética es, precisamente, el desconocimiento que el director de Pemex, Emilio Lozoya Austin, tiene del sector. Su padre, Emilio Loyoza Thalmann, fue uno de los salinistas menos dañinos de ese sexenio, como director del ISSSTE y secretario de Energía. Pese a la experiencia que haya acumulado en el Foro Económico Mundial, donde fungió como jefe para América Latina, y en el Banco de Interamericano de Desarrollo, del que fue oficial en la Corporación Interamericana de Inversiones, Lozoya Austin no parece ser la persona más indicada para encabezar la principal industria del país. Menos en un proceso de reforma.
El país necesita recuperar el optimismo, pero para hacerlo es condición que el gobierno federal genere confianza, certeza y liderazgo. Hoy no los hay y reformas que deberían propiciarlos, como la fiscal, han tenido el efecto contrario. Porque el sexenio es joven, preocupa que el desánimo nacional sea tan grande. Lo peor es que no hay signos de mejoría.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx