Capitolio

Gabinete fallido

Emilio Chuayffet (Educación) y Jesús Murillo (PGR) son los funcionarios del gobierno federal más avezados. Sin embargo, como es notorio, quienes mayor influencia ejercen en la presidencia son Luis Videgaray (Hacienda), Miguel Ángel Osorio (Gobernación) y algunos subsecretarios que antes colaboraron con Peña Nieto en el Estado de México. A pocas semanas de iniciarse ya el tercer año de la administración y con el país en crisis por la violencia, los conflictos universitarios y el caos en Guerrero, Michoacán, Edomex, Tamaulipas y otras regiones, el calendario electoral y la necesidad política anticipan la primera gran sacudida del gabinete.Si el presidente Peña llegó a su segundo informe con los más bajos niveles de aprobación respecto a sus predecesores del PAN y el PRI, es previsible un mayor desplome en las mediciones de fin de año por las masacres de civiles en Tlatlaya (30 de junio) y de estudiantes en Iguala (26 y 27 de septiembre), la malograda estrategia contra la delincuencia y la falta de crecimiento económico, la cual se traduce en más pobreza, menos desempleo y angustia socialcreciente.Además de Chuayffet (Estado de México) y Murillo (Hidalgo), cuatro secretarios más ya fueron gobernadores: Osorio (Hidalgo), Pedro Joaquín Coldwell (Quintana Roo), Rosario Robles (sustituta de Cuauhtémoc Cárdenas en el Distrito Federal) y Enrique Martínez (Coahuila). La opinión sobre el gabinete, en general, es negativa. Incluso el Ejército, la institución mejor calificada, resentirá una merma en su credibilidad después de Tlatlaya.Otras figuras en el tablero presidencial —para la inminente reestructuración del gabinete— son los coordinadores de las bancadas del PRI en el Congreso, Manlio Fabio Beltrones, y en la Cámara de Senadores, Emilio Gamboa, así como el propio líder tricolor César Camacho. Peña podría echar mano también de dos o tres gobernadores de su partido para reducir la presión en algunos estados y apaciguar al resto. El presidente, quien quizá ahora comprenda a Felipe Calderón, está insatisfecho por el desempeño de la mayoría de los mandatarios locales (del PRI, el PAN y el PRD).Modificar el gabinete prefigura también la sucesión presidencial. Carlos Salinas despidió de Gobernación y sin comedimiento a Fernando Gutiérrez Barrios para evitar un alineamiento entre militares y políticos con el ex gobernador de Veracruz. Salinas nombró en su lugar a Patrocinio González, pero al año lo destituyó por el alzamiento del EZLN, en castigo por no haber previsto la insurrección como responsable político de Chiapas.Chuayffet, segundo secretario de Gobernación de Ernesto Zedillo, también cayó en desgracia por otro suceso ocurrido en Chiapas: la masacre de cuarenta y cinco tzotziles en Acteal, el 22 de diciembre de 1997. En el mismo sexenio zedillista, el gobernador de Guerrero, Rubén Figueroa, fue obligado a renunciar por la matanza de catorce campesinos en el vado de Aguas Blancas, el 28 de julio de 1995. El Congreso local designó como sustituto a Ángel Aguirre Rivero, a la sazón líder del PRI y actual mandatario, esta vez por el PRD.Hoy el procurador Francisco Murillo también está en la picota por no haber actuado contra el alcalde de Iguala, José Luis Abarca (PRD), presunto asesino material del líder agrario Arturo Hernández Cardona, el 30 de mayo de 2013. Ahora solo falta esperar qué tanto beneficiarán a México y a Coahuila los cambios en el gabinete. 


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