Capitolio

Fronteras políticas

Rubén Moreira definió con claridad los límites entre la competencia partidista y el ejercicio del poder: “Quedaron atrás los comicios con la natural pasión que despiertan. Por delante está el reto de gobernar, de hacerlo bien y para todos”, dijo con motivo de la toma de posesión de los ayuntamientos 2014-2017. En ese momento, el PRI dejaba de gobernar el 93.3 por ciento de la población del estado para concentrarse en el 52.9 por ciento, como resultado de las elecciones del 6 de julio.Tres de los cinco municipios con mayor número de habitantes pasaron al PAN: Saltillo, Monclova y Ciudad Acuña, además de Frontera, Morelos, Nadadores, Sabinas, Villa Unión y Zaragoza. El PRI conservó Torreón, Piedras Negras y Ramos Arizpe y rescató Allende, Castaños, San Buenaventura y Múzquiz; en total gobierna veintiocho municipios. La nueva correlación de fuerzas explicaba el discurso de Rubén Moreira en Torreón, el 31 de diciembre.La inasistencia del gobernador a la toma de posesión del alcalde de Saltillo, Isidro López, rompió una costumbre. Las causas para justificarla fueron: 1) razones de agenda; y 2) la programación, para el 2 de enero, de una hernioplastía y la resección de un granuloma posquirúrgico por una operación practicada en 2010. Moreira abandonó el mismo día el Hospital Universitario para convalecer en su domicilio. El tropiezo del PRI en Saltillo no solo compromete las elecciones de diputados locales del 6 de julio próximo, sino las de 2015, para diputados federales, y las de 2017 para gobernador. No es la primera vez que el PRI pierde la capital —también sucedió en 1990 y 1996, en las elecciones intermedias de Eliseo Mendoza y Rogelio Montemayor. El problema son los agravios de Humberto Moreira por la deuda, la inseguridad y el caos en que sumió al estado. En su mensaje en La Laguna, durante la toma de posesión de Miguel Riquelme, Rubén Moreira dijo: “Las elecciones (de 2013) nos dejaron autoridades legitimadas por el voto ciudadano y en algunos casos con el refrendo de los tribunales (…)”. Celebró haber superado “los tiempos del encono y el malestar poselectoral”, cuando algunos ayuntamientos empezaban a funcionar varios meses después de haber rendido protesta, debido al “descontento popular”. Sin embargo, las intenciones conciliatorias chocaron muy pronto con la realidad política. Los roces, las acusaciones mutuas entre el PRI y el PAN y la proximidad de los comicios para renovar el Congreso local deterioraron de manera prematura las relaciones entre el gobierno y los ayuntamientos de oposición, lo cual no le augura al estado nada bueno, a menos de que las partes cedan en sus posiciones reduccionistas.En los cinco primeros meses del año, Rubén Moreira dedicó más tiempo a Torreón —su sede alterna— que a la capital. Frente a la demora del gobierno saltillense para desplegar sus capacidades, y los escándalos mediáticos que involucran a familiares del alcalde y a funcionarios municipales, el PRI acusa a la administración panista de incompetente, nepotista y corrupta. Isidro López y su partido se defienden a su modo. El primer paso fue tocar las puertas de Los Pinos, lo cual tampoco abona a la gobernabilidad del municipio y del estado.Si el diferendose origina en las fronteras —entre la lucha política y la responsabilidad de gobernar— lo más sensato es respetarlas. Coahuila y Saltillo no pueden retroceder. Menos ahora, cuando la competencia entre estados y ciudades por la atracción de capitales determinará para su futuro. 


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