Capitolio

Espíritus mediocres

Mientras el presidente Peña proclamaba desde Puebla el respeto de su gobierno por la libertad de expresión, la manifestación de ideas y el derecho a la información, un senador de su mismo partido, David Penchyna, respondía a la nueva pregunta del cineasta Alfonso Cuarón, sobre la reforma energética (“¿Por qué no debatir?”), con un argumento banal: “Esto no es una película, es la vida real”. Además le dice, como para ponerlo en su lugar y recordarle que la política es terreno vedado para los mortales: (usted) “no deja de ser un ciudadano más”. Observación ociosa, pues Cuarón firma sus preguntas como tal, no como emisario de Marte o líder de un país ficticio.

Son los políticos quienes crean y habitan mundosfantásticos. Pero, ¿quién es David Penchyna? Él mismo se presenta en Wikipedia (“la enciclopedia libre que todos pueden editar”) como “Senador de la República por el Estado de Hidalgo. Ha sido destacado por el principal impulsor, desde la Comisión de Energía del Senado de la República, de una reforma energética en México”. Enseguida cita sus estudios: “1983-1988 Licenciado en Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Postgrado en Políticas públicas en el Instituto Autónomo de México (ITAM). 1989-1990 Análisis político en la Universidad Iberoamericana (UIA)”.

Luego enumera los cargos públicos que ha desempeñado desde 1988 (subdirector de estudios y análisis del IFE) hasta 2009 (secretario de Desarrollo Social de Hidalgo). Ningún puesto o grado académico lo acredita para ocupar la presidencia de la Comisión de Energía del Senado. En consecuencia, tampoco pueden existir estudios suyos sobre el tema o algún pronunciamiento, antes de la reforma energética, impelida por el presidente Peña y no por él, para abrir Pemex y la CFE a la inversión privada, nacional y extranjera. Para aceptarla, después de oponerse a ella por décadas, el PRI debió cambiar sus documentos básicos.

Penchyna, quien omite haber sido vocero de Humberto Moreira en el CEN del PRI, responde con retórica argumentos que, como pocos en política, han generado corrientes en favor de que la reforma energética sea transparente, benéfica para el país y no para el grupo en el poder. Pero sobre todo para que el debate no sea solo y siempre entre los mismos: partidos, diputados, senadores y funcionarios, es decir, a espaldas de los ciudadanos comunes y corrientes.

Inexplicablemente el senador Penchyna, político, burócrata, subordinado del secretario de Gobernacióny aspirante al gobierno de ese estado, preside una comisión que, por la trascendencia de la reforma en proceso, debería ser encabezada por un experto, un conocedor de mercados, tecnologías, leyes y tratados internacionales, no por un grillo cuyo paso por las nóminas gubernamentales le brinda privilegios y comodidades —a costa de los mexicanosde a pie—, mas no conocimientos técnicos.

Vaya manera de estropear el discurso de un presidente que trata de convencer al país de encabezar un gobierno “comprometido con el diálogo, el entendimiento y el acuerdo entre los actores y fuerzas políticas”. Las preguntas de Cuarón, mexicano con virtudes y defectos, pero triunfadory reconocido en el mundo por su talento, solo pueden molestar a espíritus mediocres y cortesanos como el de Penchyna. Por oficiantes como él, la sociedad abomina de la política, los partidos y el Congreso, y desconfía de las reformas.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx