Capitolio

Escepticismo social

La deuda pública de Coahuila, el enriquecimiento ilícito de funcionarios de la pasada administración, el desvío de recursos del erario a campañas electorales locales y nacionales, el lavado de dinero en México y Estados Unidos y la confabulación de políticos y empresarios sin escrúpulos serán temas recurrentes mientras no se investigue y castigue a los verdaderos responsables del quebranto. El protagonista de la historia es el ex gobernador Humberto Moreira. En tanto no se aclare su participación, la sociedad estará en su derecho de recelar de la justicia.


Los ciudadanos de a pie formulan una cuestión lógica: “¿Por qué Estados Unidos confisca propiedades y dinero, encarcela a exfuncionarios y señala a empresarios involucrados en la red de corrupción denunciada por el periódico San Antonio Express-News, y en México las autoridades miran para otro lado? Los treinta y cinco millones de dólares “robados al erario y producto de sobornos del narco y contratistas”, que según el diario son objeto de la investigación, representan apenas el 1 por ciento de la deuda acumulada en el sexenio de Humberto Moreira, pero aún así es demasiado dinero.


Las investigaciones periodísticas, basadas en expedientes, sucesos y testimonios, ya no solo apuntan hacia el exgobernador, su equipo y algunos traficantes del poder como los hermanos Roberto Casimiro y Raúl González Treviño, de las televisoras RCG y RGT, sino al presidente de la república, a quien señalan como su protector. Enrique Peña nombró a Humberto Moreira líder del PRI, y cuando empezó a contaminar su campaña lo despidió sin mediar explicación. Sin embargo, el problema de fondo (la deuda y su destino) continúa aún sin resolverse.


Al presidente Peña Nieto y a su equipo no debe caerles en gracia que los pecados del político coahuilense se ventilen en medios de comunicación de Estados Unidos y México en momentos críticos. Los escándalos de corrupción amenazaron primero el resultado de las elecciones que reinstalaron al PRI en Los Pinos, y ahora coinciden con la aprobación de la reforma energética en la cual el gobierno cifra el futuro del país y el éxito de la administración.


Por otra parte, existen presiones internas (inseguridad, violencia, conflictos políticos y sociales, falta de crecimiento, malestar en el sector empresarial por la reforma fiscal) y externas (militarización de la frontera, emigración de niños a Estados Unidos) como para lidiar también con asuntos que, aún de carácter local como la deuda de Coahuila, repercuten en la escena nacional y cuestionan la voluntad del ejecutivo federal para atacar la corrupción y la impunidad. Peña Nieto ha declarado que, como jefe de estado y de gobierno, no tiene amigos. Es hora de demostrarlo. No solo en el caso del exgobernador de Coahuila, sino también en el gabinete.


El presidente rendirá su primer informe dentro de unos días y una de las prioridades debe ser el relanzamiento de su administración, todavía joven. Las reformas en los sectores energético y de telecomunicaciones, con sus luces y sus sombras, no se han sopesado lo suficiente por la estridencia política y la desconfianza ciudadana, por una ineficiente comunicación y porque se cometió el error de ofrecer resultados inmediatos, cuando, por su complejidad, naturaleza e intereses en juego, no podían brindarse, como reducir las tarifas eléctricas y el precio de los combustibles. Además, porque la sombra de la corrupción todo lo eclipsa.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx