Capitolio

Enfado presidencial

El mensaje del presidente Peña a los gobernadores y alcaldes del país el 10 de octubre, con motivo del centenario de la Convención de Aguascalientes y la reunión de la Conago, fue para que afronten su responsabilidad en los estados y municipios y eviten que los conflictos se trasladen a Los Pinos. Por faltar a esa obligación, varias regiones cayeron en la anarquía. Hoy es Guerrero, por el caso Ayotzinapa, epicentro de la peor crisis del gobierno federal y motivo de descrédito en el mundo. Mañana puede ser cualquier otra entidad del norte, el centro o el sur.Peña habla con conocimiento de causa, pues antes de ocupar la presidencia gobernó el Estado de México. Gran parte de la inseguridad, la violencia y la descomposición actual es consecuencia del abandono de los gobernadores y los alcaldes de sus tareas. En el sexenio de Calderón, muchos de ellos hicieron la vista gorda mientras la delincuencia —organizada y oficial— secuestraba al país y envilecía a las instituciones. Sus prioridades eran otras: endeudar a los estados, medrar e imponer sucesor. Hoy se pagan los costos de la incuria y la complicidad.El gobernador Rubén Moreira entendió el mensaje presidencial y el 14 de octubre reunió a los treinta y ocho alcaldes para “cerrar filas” en materia de seguridad y otras cuestiones candentes como las desapariciones forzadas. La intención es plausible, pero hace falta más para concretarla. Por principio, deben dejar de verse colores partidistas en la relación entre autoridades estatales y municipales. Iguala enseña que la descoordinación, incluso entre gobernador y alcalde del mismo partido, pude generar conflictos nacionales.El presidente dijo en Aguascalientes: “Ante nuevas realidades y cambiantes desafíos se requieren también innovadoras y más efectivas respuestas institucionales. Hoy es claro que debemos seguir fortaleciendo las instituciones en todos los órdenes de gobierno”. Rubén Moreira es un gobernador sensible y atento a lo que ocurre en el estado, pero a veces se le percibe aislado, dentro de una cápsula de funcionarios reciclados y sin sentido crítico, lo cual puede distorsionar la realidad.Sucede en La Laguna, donde Peña Nieto, en su primera visita, fue recibido con desplegados de las asociaciones civiles Estado de La Laguna (Ella) y Participación Ciudadana 29.Es preciso abatir la inseguridad y la violencia, combatir el crimen, localizar a los desaparecidos y castigar el delito, pero también es necesario escuchar a sectores con inquietudes legítimas y opiniones diferentes. Solo así se logrará un auténtico equilibrio político y social y se evitarán zonas de inestabilidad y de conflicto. Por eso la exhortación del presidente para que los gobiernosasuman los compromisos inherentesa su responsabilidad, máxime cuando los años por venir también serán difíciles.En México, frente a una tragedia, una crisis o un escándalo, se aplican medidas tardías (“tapar el pozo después de ahogado el niño”), se culpa a otros, se recurre a distractores o a “la caza de brujas”.Lo vemos en Guerrero, donde alcaldes (prófugos o en ejercicio) y funcionarios (cesados o en servicio), cuyos vínculos con la delincuencia organizada eran palmarios, hoy son objeto de persecución y escarnio. Para romper los nexos con el crimen, los gobiernos federal, estatales y municipales deben también depurarse, como las policías, pues en la Administración Pública hay delincuentes embozados… y otros no tanto. 


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