Capitolio

Encuestas engañosas

Cuando los candidatos de los principales partidos están por debajo de las expectativas ciudadanasy del dinero, las posibilidades de que otra fuerza política obtenga el triunfo son mayores. Sucede en Nuevo León, donde Ivonne Álvarez (PRI) y Margarita Arellanes (PAN) no satisfacen las exigencias para gobernar el segundo estado más importante del país. El PRI recurrió al artificio de las encuestas para imponer a la senadora con licencia como candidata de unidad. El PAN, por su parte, recurrirá a un proceso interno para darle un barniz democrático a la postulación de la alcaldesa de Monterrey, quien abandonó el cargo para competir en las elecciones del 7 de junio.


Nuevo León ha tenido gobernadores polémicos como Santiago Vidaurri, en la Reforma y en la intervención francesa. Bernardo Reyes y Aarón Sáenz también fueron presidenciables: el primero en el porfiriato y el segundo después del magnicidio de Álvaro Obregón, cuando Calles impuso como primer candidato del PRI (antes PNR) a Pascual Ortiz Rubio. En tiempos menos remotos, abogados, políticos y empresarios respetables dirigieron el estado: Raúl Rangel Farías, Eduardo Elizondo, Alfonso Martínez Domínguez y Jorge Treviño Martínez.


Nuevo León registra la tercera alternancia en el país, después de Baja California y Chihuahua. En 1997, Fernando Canales Clariond (PAN) derrotó al priista José Natividad González Parás. Para desgracia del estado, el PRI volvió a postular a González en 2003 y ganó las elecciones. Además de endeudar a la entidad y de realizar negocios al amparo del poder, dejó como heredero al anodino Rodrigo Medina, quien disparó aún más los pasivos. Según Vía Ciudadana, no ha podido aclarar el destino de más de catorce mil millones de pesos.


La virtual candidata del PRI al gobierno es para Medina lo que él fue para González Parás: tapadera. A falta de alcalde priista en Monterrey, Medina ensayó primero con su secretario de Desarrollo Social, Federico Vargas, pero no creció y la candidatura recayó en el plan B, representado por la senadora Álvarez. Sin embargo, decidir la nominación por encuestas y no por méritos, experiencia y capacidad, es una apuesta arriesgada.


Peña Nieto obtuvo la candidatura presidencial por ser el más popular, no el más apto, pero en cuanto empezó a vérsele el cobre en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y en la Universidad Iberoamericana, la intención de voto tendió a la baja. Hoy es el presidente peor calificado en apenas dos años de gobierno. En Coahuila pasó lo mismo con Humberto Moreira. También era el rey de las encuestas, pero dejó al estado en quiebra moral, económica, institucional y de seguridad.


Margarita Arellanes tampoco es estadista. Será candidata porque su grupo controla la estructura del PAN. La alcaldesa de Monterrey, junto con González Parás y Rodrigo Medina, son los rostros del “Corruptour”, un autobús que recorre diez monumentos a la corrupción y la impunidad en la capital nuevoleonesa, famoso en las páginas de “El País” y “The New York Times”. Si en las próximas semanas surge un candidato ciudadano, apoyado por un partido distinto —López Obrador tiene adeptos entre el empresariado—, Nuevo León podría marcar la pauta para elegir a otro tipo de gobernantes.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx