Capitolio

Encarecer el voto

Las campañas políticas transcurren según lo previsto, sin incentivos para acudir a las urnas el 7 de junio. Parte del problema es el reciclamiento de candidatos, la ausencia de propuestas y el agotamiento de los ciudadanos. El desánimo crece por los problemas económicos, la violencia y la impunidad.

La riqueza se concentra en pocas manos y la pobreza se ahonda pese a los recursos ingentes que el gobierno federal destina contra el hambre y las enfermedades. Mucho de ese dinero se pierde en corrupción.Antes las campañas servían solo para legitimar un resultado conocido de antemano.

El gobernador Óscar Flores Tapia se lo dijo a su amigo y homólogo texano Bill Clements, en una visita al Capitolio que cubrí como reportero de Noticias: “Ustedes (los norteamericanos) pueden adelantarnos en todo, menos en elecciones.

En México, antes de votar, ya sabemos quien va a ganar y por cuanto”. Así era, pero ahora ya no.Los avances en materia electoral todavía son insuficientes. Nuevos métodos se han desarrollado para dirigir el voto hacia determinado partido o candidato, a cambio de dinero, despensas o materiales.

El INE, por otra parte, es rehén de las principales fuerzas políticas. Su presidente, Lorenzo Córdova, es un académico solitario en un mar infestado de tiburones.Los aspirantes cargan con activos y pasivos propios y con el descrédito de sus partidos, cuyas estructuras les aportan una cuota de votos, la cual, en elecciones participativas, como las hay pocas, se diluye; pasa sobre todo con el PRI.

El riesgo aumenta cuando al candidato solo se le apoya de dientes afuera. Por eso hoy nadie se confía, a veces ni de las encuestas.

El voto se gana hoy casa por casa, con un saludo, una visita, una charla. Con las tres “eses” clásicas: suela, sudor y saliva. La gente desea que los políticos vean su realidad: colonias sin servicios e inseguros, hogares donde no hay trabajo y escasea el alimento. Es bueno que el voto se encarezca.

No en el sentido de pagar más por cruzar una papeleta por determinado partido, acto todavía tan socorrido como indigno y empleado por todas las siglas políticas, sino desde el punto de vista del esfuerzo que cada candidato debe realizar para ganar una elección. 


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx