Capitolio

Elección en el aire

Para ser una presidencia corta, de quince meses, la contienda entre Gustavo Madero y Ernesto Cordero por la jefatura del PAN ha generado demasiada expectación dentro y fuera del primer partido opositor y segundo más antiguo del país (75 años). El interés lo explica el calendario político de 2015: las elecciones de Congreso federal, nueve gubernaturas, diecisiete legislaturas locales y 997 ayuntamientos —40 por ciento del total nacional— incidirán en la sucesión de 2018.


Los procesos se anticipan difíciles para el PRI por los efectos de la reforma fiscal y el rechazo a otras como la educativa, la energética y la de telecom, así como por la escasa aprobación del presidente Enrique Peña del 38%. Si el PAN obtiene resultados favorables, su próximo líder asumirá un papel decisivo, incluso como candidato presidencial, al dejar encaminada su propia sucesión y aumentar la influencia de Acción Nacional en la Cámara de Diputados y en los estados.


Lo que se juegaes el futuro político del sobrino nieto del expresidente Francisco I. Madero, quien tampoco pudo desmontar la estructura porfirista de principios del siglo XX, y del exsecretario de Hacienda de Felipe Calderón. La presidencia del PAN no está resuelta. Por vez primera, la militancia de ese partido —compuesta por 220 mil ciudadanos— decidirá quién será su futuro líder: Madero o Cordero. Los panistas votarán el 18 de mayo en mil 300 casillas.


El PAN no atraviesa por su mejor momento. Los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón arrojaron más sombras que luces. Lo que más se les reprocha es no haber combatido la corrupción, compromiso histórico de su partido, sino aceptarlacomo parte del poder y su ejercicio. En las elecciones de 2012, Fox apoyó al candidato del PRI, Enrique Peña. Calderón es cuestionado por la guerra contra la delincuencia organizada y su saldo de sesenta mil muertos y decenas de miles de desaparecidos. Gustavo Madero busca un segundo periodo como líder del PAN. En 2010 venció a un puñado de aspirantes, entre ellos al calderonista Roberto Gil.

Sin embargo, en 2012 perdió las presidenciales: su partido descendió al tercer lugar de las preferenciascon Josefina Vázquez, por debajo de Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, lo cual no obstó para convertirse en el principal aliado Enrique Peña en el Pacto por México. Cordero criticó esa cercanía en el debate del 29 de abril.


Frente al maridaje PRI-PAN y los escándalos de corrupción por el presunto cobro de comisiones que allegados de Madero —entre ellos el coordinador de los diputados, Luis Alberto Villarreal— imponen a alcaldes panistas a cambio de recursos federales, Ernesto Cordero propone regresarle al PAN su esencia opositora y aprovechar su experiencia técnica y de gobierno para reasumir el poder en 2018.


Madero es para el presidentePeña lo que Jesús Ortega significó para Felipe Calderón: un puente con la principal fuerza opositora. En la elección perredista de 2008, Calderón se decantó por la corriente moderada de los “Chuchos”; Alejandro Encinas, extensión de López Obrador, representaba el ala radical. Ahora es Maderoel favorito deLos Pinos. El atractivo de Cordero, quien encabeza la mayoría de las encuestas, es su oferta de sacar al PAN de la órbita del PRI. La simpatía de Peña por Madero puede convertirse en un arma de doble filo. El triunfo del sobrino nieto del “Mártir de la Revolución” depende de la estructura electoral.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx