Capitolio

Efectos indeseables

Las elecciones para diputados del 6 de julio provocaron más desilusión que esperanza entre los coahuilenses. No es para menos: el alto abstencionismo, la atomización del voto, el carro completo del PRI, el reparto de asientos de representación proporcional entre partidos comparsa y sin respaldo ciudadano y la escasa talla moral y política de la mayoría de los futuros legisladores prefiguran un Congreso sin luces, dócil y anodino. José María Fraustro, quien seguramente será su líder, es acaso la única figura rescatable.¿Cómo justificar la presencia en la próxima Legislatura de Francisco Tobías, Shamir Fernández —proclive a los negocios, según contratistas que lo padecieron como delegado del programa Oportunidades— y Verónica Martínez, diputados de Humberto Moreira que legalizaron la deuda por más de treinta y seis mil millones de pesos acumulada en su sexenio? El desprecio de los coahuilenses por congresos así explica el abstencionismo: solo cuatro de cada diez acudieron a las urnas.El Informe País sobre la Calidad de la Ciudadanía en México, elaborado por el Instituto Nacional de Elecciones, advierte en el capítulo “Participación y abstencionismo”, que desde “la alternancia presidencial (…) todas las elecciones locales posteriores tuvieron un crecimiento de la abstención alto; y se esperaba que la elección intermedia modificara la tendencia, pero presentó un cuadro de una abstención muy alta, casi 60% a nivel nacional. El 2 de julio de 2006 la participación electoral estuvo por debajo del 60 por ciento (Aziz, 2008, p. 310).”Apoyado en diversos autores, el documento observa: “el alto abstencionismo puede tener consecuencias indeseables para las democracias, particularmente en las que están en proceso de consolidación. Por una parte, este fenómeno reduce la capacidad de las elecciones para legitimar al gobierno y facilitar el ejercicio de la responsabilidad cívica (Mateo Díaz y Zovatto, 2005, p. 6). Por otra, incide en el funcionamiento de la democracia en la medida en que los grupos que sistemáticamente renuncian a participar en las elecciones tienen menor influencia en las decisiones políticas (Lijphart, 1997). Al respecto, existe información tanto en el ámbito internacional (Tóka, 2002) como específicamente para las elecciones mexicanas de 2000 (Moreno, 2003) que señala que la incorporación del abstencionismo a las urnas puede modificar el resultado final en alguna medida.“Asimismo, el nivel de participación electoral también puede influir en el grado en que los gobiernos son llamados a cuentas por los resultados de su gestión (Bengtsoon, 2004). Finalmente, el abstencionismo puede analizarse desde la perspectiva del uso de los recursos públicos. Por ejemplo, en 2003 la autoridad federal, el Poder Ejecutivo y los partidos políticos dedicaron un gasto inmenso a la promoción del voto (Salazar Temkin, 2007)”.La incapacidad de los partidos para atraer a los electores refleja la crisis que enfrentan y se niegan a admitir. Uno de los ejercicios más eficaces contra el abstencionismo son los debates. Sin embargo, los políticos los evaden y la ciudadanía no los exige por falta de cultura democrática. Y cuando al fin se confrontan, los candidatos se encapsulan y vetan a los medios de comunicación. El próximo Congreso, cuya composición final decidirá el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, tendrá un alto déficit de legitimidad. 


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