Capitolio

Domar a la bestia

Coahuila pasó del insulto y el monólogo político, en el gobierno de Humberto Moreira, al debate cara a cara con las oposiciones en la administración de su hermano Rubén. “El diálogo es la solución para todo”, advirtió el gobernador ante diputados y el representante del presidente Peña Nieto en su informe, Alfonso Navarrete, quien también lo es en la región nueve que comprende Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. La soberbia de Humberto no daba ni da espacio para la crítica.
Para marcar la diferencia entre su gobierno y la desbaratada administración de su hermano, quien, en su desmesura, compara a Saltillo con Nueva York por unos cuantos puentes construidos en su sexenio —¿cuántos con deuda ilegal?—, Rubén Moreira estableció, desde las primeras líneas de su segundo informe: “hemos hecho las (cosas) más urgentes, las más necesarias, todas las posibles y, lo más satisfactorio: nos hemos empeñado en hacerlas bien”.
Los créditos que el gobierno de Humberto Moreira contrató con decretos falsos rondan los cuatro mil millones de pesos. “La nueva forma de gobernar”, expuso Rubén Moreira en el Congreso, se sustenta “en el estricto respeto al marco legal y a los principios de honestidad, transparencia, rendición de cuentas y (…) en el propósito permanente de gobernar y administrar no solo para la gente, sino con la gente: oyendo y tomando en cuenta sus opiniones, sugerencias y, también, las críticas, las inconformidades”. Kryptonita para un autócrata como Humberto Moreira.
Previamente, durante la presentación del Programa Estatal de Derechos Humanos, el gobernador había advertido ante funcionarios de la ONU y de la Secretaría de Gobernación, que no existen respuestas de un día para otro, pues las que lo son resultan igualmente efímeras. Con los riesgos que implica, la actual administración sustituye un aparato basado en el gasto, la deuda, el sinsentido y el culto a la personalidad, por uno que procura ser abierto y democrático.
El estilo de Rubén Moreira es otro. No baila ni acompaña sus giras con porras ni cumbias colombianas, pero tampoco Coahuila sigue a la deriva como lo recibió hace dos años, sobre todo en materia financiera y de seguridad. Digamos que es en gobierno realista en un estado donde la unanimidad jamás ha existido, pero donde las oposiciones tienen todavía una representación mínima en el Congreso, incompatible con el peso electoral de cada partido.
Moreira reconoció lo que durante un sexenio se ocultó: “el peligro más grave que enfrentaba nuestro estado era la inseguridad; de no hacer nada el futuro se antojaba terrible, la delincuencia estaba a punto de vencer a las instituciones. Eso no lo podíamos permitir. No hay generación espontánea del delito. Hay gobiernos que no perciben cuando se aproxima el viento negro, o que prefieren no hacer nada frente a los que pretenden robar la tranquilidad de todos. Hay sociedades que en su estructura los generan, los alientan o los consienten”.
Si Humberto Moreira es el principal responsable por la crisis financiera y de inseguridad, como gobernador que fue aun sin despachar en el Palacio Rosa, también tienen culpa los sectores que consintieron sus excesos e incluso los alentaron. Rubén Moreira, acaso solo por el apellido, tiene detractores, como toda cabeza de gobierno. Lo entiende y hace de tripas corazón. Sabe que es observado dentro y fuera de Coahuila y por ello está dispuesto a trascender. El tiempo dirá si lo logra. Por lo pronto, puede decir que en el primer tercio de su gobierno domó a la bestia.



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