Capitolio

Desaliento nacional

La presidencia de Enrique Peña Nieto estará marcada por la reforma energética, si en el resto del sexenio no ocurre un suceso, afortunado o aciago, que la selle definitivamente. El tiempo dirá si los efectos de la reforma fueron buenos o malos para los mexicanos de hoy y de mañana. Por lo pronto, el gobierno la celebra cual panacea universal mientras la sociedad recela de ella por experiencias amargas y traumáticas, de cuando en lugar de abundancia y riqueza llegaron expoliaciones, encono, crímenes políticos y crisis cuyos costos no han terminado de pagarse. El telón de foro es el mismo y ominoso de siempre: la corrupción.Por décadas se le exigió al gobierno liquidar los monopolios de Pemex y la CFE, por ineficientes y por significar una carga onerosa para los mexicanos y un botín para partidos, políticos y líderes sindicales. El sentido común aconsejaba seguir el ejemplo de otros países, no necesariamente el brasileño, pues el noruego resultó más exitoso y benéfico para la población. Sin embargo, ahora que existen condiciones para avanzar en esa dirección, muy pocos aplauden. La explicación a esa paradoja tiene raíces profundas: el temor a ser nuevamente defraudados.Además de las reformas, ¿qué otra cosa distingue al gobierno de Peña Nieto, cuyo informe anticipa el fin del primer tercio de su gestión? El crecimiento es casi nulo y el fenómeno de la violencia a veces remite y a veces recrudece. La pobreza persistirá mientras se la aborde solo con criterios de clientelismo político —como reserva de votos para la próxima elección— y no se atienda su causa más honda: la injusticia social. Mientras el gobierno se aprueba a sí mismo, el Banco Mundial lo reprueba: “(el Programa Oportunidades) no asegura la movilidad social ni elimina la posibilidad de salir permanentemente de la pobreza”, según una nota del periódico Reforma.El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, por su parte, reveló que “Tras la crisis económica de los años 2008-2009 el poder adquisitivo del ingreso laboral tuvo una importante caída de la cual no ha podido recuperarse. Esta caída es más severa si el poder adquisitivo tiene como referente los precios de los alimentos”. Entre el primer trimestre del 2010 y el segundo trimestre de este año, el ingreso laboral promedio por persona al mes disminuyó ciento ochenta y siete pesos respecto al valor de la canasta básica, dice el informe.Si la economía no mejora, la delincuencia no cede y la corrupción se justifica desde las más altas esferas políticas, en lugar de castigarse como en el Perú, donde el ex presidente Alberto Fujimori purga una condena de veinticinco años por crímenes de lesa humanidad, peculado doloso y apropiación de fondos públicos, ¿qué razones tiene el mexicano para estar de fiesta y compartir la euforia de los políticos, los traficantes del poder, los oligarcas del país y las transnacionales petroleras? Ninguno.El ánimo nacional está abatido y por dondequiera surgen expresiones de malestar y agobio, algunas de ellas preocupantes. La reforma fiscal resultó ser una nueva carga para los mexicanos. En un contexto así cobran relevancia, incluso más que las reformas, las iniciativas para otorgar a los trabajadores un salario decoroso. Para ello no hace falta tocar la Constitución, solo cumplirla: “Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural…” (Artículo 123, fracción VI). 



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