Capitolio

Democracia, no magia

Las elecciones del 7 de junio pondrán a prueba el aguante de los mexicanos para soportar las burlas del poder y las adversidades económicas y sociales; la capacidad de movilización del PRI, el partido con mayor estructura territorial; la aptitud de las oposiciones (PAN, PRD y Morena) para convencer a millones de ciudadanos de que las cosas marcharían mejor con un Congreso desafecto al presidente, como sucede en cualquier democracia madura; y la fuerza de las organizaciones y voces que pugnan por boicotear los comicios para protestar contra el sistema de partidos y los malos resultados del gobierno federal.

El país vive momentos difíciles por el bajo crecimiento, la delincuencia, la corrupción, la impunidad y la pérdida de confianza en las instituciones. Por mucho menos, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, fue reprobado en las elecciones de medio término.

El 4 de noviembre pasado, él y su partido (el Demócrata) perdieron el control del Senado y los republicanos ampliaron su ventaja en la Cámara de Representantes, además de ganar la mayoría de los estados donde hubo elecciones para gobernador.Los estadounidenses tampoco están conformes con sus partidos, como pasa en México y en casi la totalidad de las democracias, pero saben que si los demócratas o los republicanos funcionan mal o no cumplen las expectativas creadas, pueden castigarlos en la próxima elección. Incluso cuando un gobierno ofrece resultados satisfactorios, el péndulo se mueve en busca de mejores horizontes.

Contrario a Obama, Bill Clinton terminó su doble mandato con superávit, menos deuda, bajo desempleo y una aprobación de 76%, a pesar de lo cual el Partido Demócrata no pudo conservar la presidencia.En países hasta hace poco tiempo gobernados por dictaduras militares o partidos hegemónicos —sobre todo en América Latina—, la democracia no goza de buena reputación; en otros sí, como en Chile, Uruguay y Perú.

La razón es que suele presentársela como la panacea universal, el remedio para todos los males, pasados, presentes y futuros. Y cuando no brinda resultados en plazos breves y sin costo para los ciudadanos, se empieza a extrañar el viejo régimen, represor y autoritario. “Mejor malo por conocido”, reza el dicho.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx