Capitolio

Crisis anunciada

Los reconocimientos al presidente Enrique Peña como Estadista Mundial, por la Fundación por un Llamado a la Conciencia, con sede en Nueva York, y al secretario de Hacienda, Luis Videgaray, como Ministro de Finanzas, por la revista británica The Banker, ambos correspondientes a 2014, son tan prematuros como el Nobel de la Paz concedido a Barack Obama en 2009, primer año de su administración. Máxime cuando el país ha entrado en la espiral de la ingobernabilidad.

Octavio Rodríguez Araujo, doctor en ciencia política y profesor emérito de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, abordó el tema en un artículo publicado en junio de 2001: para el politólogo italiano Gianfranco Pasquino, “las crisis de gobernabilidad se deben, según la interpretación, a la incapacidad de los gobernantes y/o a las demandas excesivas de los ciudadanos. A estas corresponde la que se llama ingobernabilidad por sobrecarga de demandas. Gobernabilidad e ingobernabilidad, para Pasquino, no son fenómenos acabados sino ‘procesos en curso, relaciones complejas entre los componentes de un sistema político”.

El autor de México: Estabilidad y luchas por la democracia dice que “Relacionada con la interpretación de Samuel P. Huntington (referida a la hipótesis de la crisis de la democracia), Pasquino señala que ‘la disminución de confianza de los ciudadanos respecto a las instituciones de gobierno y la falta de credibilidad en los gobernantes provocan automáticamente una disminución de las capacidades de estos últimos para afrontar los problemas, en un círculo vicioso que puede definirse como la espiral de la ingobernabilidad”.

Ya desde el primer año de gobierno de Vicente Fox, Rodríguez advertía “Lo que estamos viviendo en México es una crisis de gobernabilidad tanto por incapacidad de los gobernantes como por sobrecarga de demandas (…). Buscar consensos y treguas con gobiernos locales, dirigentes partidarios y representantes empresariales no será suficiente. Estos consensos no engañan a nadie, y buscar consensos con la población mayoritaria será perder el tiempo pues a ésta no se le está dando nada. Por lo mismo no habrá confianza de los gobernados en los gobernantes y estos no tienen recursos para afrontar con eficacia los problemas, aunque quisieran hacerlo”.

Por consiguiente, observa el investigador con clarividencia, “la espiral de ingobernabilidad seguirá en curso y una nueva crisis política será realidad en muy poco tiempo. Confiemos en que, por lo menos, esta crisis política no se convierta en más autoritarismo y más intolerancia”.

La crisis se incubó antes de la alternancia presidencial del año 2000 y los gobiernos del PAN carecieron de capacidad y visión para remediarla — simplemente la pospusieron— y ahora corresponde al presidente Peña lidiar con ella. Mas no será con premios en el exterior, sin eco en México, como logre superarla. Michoacán, reflejo de la ingobernabilidad, es solo parte del problema. El paquetazo fiscal lastima a la sociedad y la distancia aún más del gobierno.

Y el autoritarismo y la intolerancia que Rodríguez Araujo temía en mayores dosis, ya están presentes. El país no es todavía mejor que hace dos años. Por otra parte, las reformas, a las que tanto se ha apostado, tardarán en brindar resultados. Se lo acaba de decir Enrico Letta, presidente de Italia, a su colega mexicano. Los índices de criminalidad quizá hayan bajado en algunas regiones, pero hoy existen, junto con la delincuencia, peores amenazas.

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