Capitolio

Cortinas de humo

México jamás será el país de las grandes soluciones, mientras el gobierno siga empecinado en atender u ocultar sus grandes males con remedios caseros, pirotecnia o cortinas de humo. Frente a la crisis humanitariadenunciada por el papa Francisco el 17 de febrero en Ciudad Juárez, las críticas de organismos y medios de comunicación nacionales einternacionales por el encubrimiento de la masacre de civiles en Tlatlaya y la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa, el presidente Peña Nieto responde con iniciativas para elevar a rango constitucional el matrimonio entre homosexuales y reformar el Código Civil federal para permitirles adoptar.

Reconocer y respetar los derechos de los homosexuales es condición para alcanzar una convivencia social armoniosa y civilizada. Lo discutible son las adopciones, pues mientras por una parte se defienden facultades de las minorías, por otra se olvidan los derechos de los niños.

Tampoco es correcto instrumentalizar las reformas anunciadas por el presidente para granjearse el voto de algunas minorías, ahora que el voto duro de los partidos no alcanza para ganar elecciones, el sufragio clientelar se encarece en cada proceso y la imagen de Peña Nieto está por el suelo. Los derechos humanos no los otorga el Estado, son consustanciales a las personas y por lo tanto universales, inalienables e imprescriptibles.

Jamás se ha podido tapar el sol con un dedo ni acercarse a él con alas de cera, pero todavía hay quienes insisten en hacerlo; sobre todo desde el poder. El matrimonio entre homosexuales adaptará la Constitución a una de las realidades que la han rebasado. Sin embargo, es necesario mostrar la misma voluntad en asuntos de impacto nacional que el gobierno y los partidos evaden también de manera sistemática.

El país reclama atacar el pillaje desde la raíz, pero el Senado volvió a postergar el Sistema Nacional Anticorrupción“por no existir consenso”. En la partidocracia y en la clase gobernante no faltan acuerdos,sino decoro y vergüenza. Los pactos entre ellos son de complicidad e impunidad. El desdén del gobierno y los partidosvuelve a exhibir la arrogancia del poder, pues mientras la sociedad exige sobre todo castigar a los políticos rapaces,y en el extranjero la violación de los derechos humanos en México causa indignación y espanto, ellos no dejan de mirarse el ombligo.

 

gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx