Capitolio

Cornadas políticas

El  alcalde de Saltillo, Jericó Abramo, rindió su último informe el miércoles pasado en el Biblioparque Norte. Días antes lo entrevisté, en medio del trajín de obreros que apuraban el paso para entregar la obra a tiempo y el ruido de trenes. Este antiguo aspirante a torero fue persuadido por su abuelo, Jorge Masso, de olvidarse de los ruedos, quizá porque las cornadas de la política pocas veces son mortales.
El Biblioparque ocupa dieciocho hectáreas de la antigua metalúrgica de Zincamex, la cual funcionó entre 1961 y 1982. Los terrenos permanecieron ociosos tres décadas, “hasta que llegamos nosotros y tomamos el toro por los cuernos. Hicimos un estudio de suelo y estaba contaminado. Cuando me dijeron que retirar la capa con metales costaba cuatro millones de pesos, le dimos para adelante. No podíamos exponer a las familias”.
—¿Qué hará con el capital político acumulado en la alcaldía? En 2017 hay cambio de gobierno y desde ahora está en la mente de algunos sectores.
—Pienso tomar distancia, tiempo, y dedicárselo a mi familia. Ya fui diputado federal, director de Servicios Primarios… Vendrán nuevos proyectos, pero donde esté, en el servicio público o en el sector privado, ayudaré en lo que pueda. Así me enseñó mi abuelo.
La escolta del alcalde es discreta. “He recibido siete amenazas de muerte”, dice cuando le pregunto cuál ha sido el momento más difícil de su gobierno. “Han sido varios, pero hay que seguir”.
Jericó será el tercer priista que entregue la alcaldía a un panista (Isidro López Villarreal), después de que Mario Eulalio Gutiérrez y Miguel Arizpe la cedieron a Rosendo Villarreal y Manuel López, tío y hermano de Isidro, respectivamente.
—¿Por qué en una ciudad como Saltillo y con un alcalde bien calificado pierde el PRI? ¿Qué afectó más: la deuda por más de treinta y seis mil millones de pesos que heredó Humberto Moreira o el candidato, Fernando de las Fuentes?
—La gente de Saltillo es muy exigente y vota según sus convicciones. Hace cuatro años gané todas las casillas, incluso las que el PRI tenía de perder más de treinta años, con ciento sesenta y dos mil votos. En las elecciones de este año mi partido obtuvo noventa mil. El resultado amerita una reflexión profunda. La gente votó así y se respetó su decisión.
Las condiciones de Saltillo hoy son distintas a las de 1984, cuando el abuelo de Jericó, Jorge Masso, compitió por la alcaldía de Saltillo, postulado por el PARM, y ganó, pero “no salió”. En su lugar se impuso a Carlos de la Peña, sobrino del gobernador José de las Fuentes. El propio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, dice, acaso con un optimismo prematuro, que el PRI de hoy no es el de antaño. “Este PRI está funcionando dentro de la democracia”.
Jericó Abramo conoce los plazos del calendario electoral. No desea alterarlos, como en el pasado lo hicieron otros. Él no podría, ni le conviene. Sabe que la política la definen los tiempos y las circunstancias. Tampoco destila amargura, sino ánimo, certeza, fe en el futuro. Para concluir promete ser un buen ex presidente municipal. “No opinaré de asuntos que no me correspondan. El alcalde entrante tiene mi apoyo porque lo eligieron los saltillenses. Recibirá una ciudad ordenada, sin deuda y con recursos para hacer un buen gobierno. Lo demás depende de él”.


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