Capitolio

Condición democrática

El discurso del gobernador Rubén Moreira en Torreón, el 1 de enero, con motivo de la toma de posesión de los treinta y ocho ayuntamientos, refleja la madurez de un político que ha sorteado al mismo tiempo crisis financiera y de inseguridad que ninguno de sus predecesores enfrentó por errores propios o ajenos a su ejercicio. En su caso, la deuda, la violencia y el caos institucional fueron herencia de su hermano Humberto. Por si fuera poco, encaró problemas de salud y conflictos familiares por la forma de asumir su responsabilidad con el estado.
¿Reconocen los coahuilenses el mérito de su gobernador? Una parte sí y otra no e incluso acaso jamás lo haga. Ambas están en su derecho. “Gobernar significa descontentar”, advierte Anatole France. El deterioro económico, la inseguridad y la barbarie de los dos primeros años de la administración de Rubén Moreira calaron en lo más hondo de la sociedad. El engaño, después de un sexenio de fanfarrias, es lo que menos perdona. La impunidad aumenta el agravio.
Moreira se dirigió a los nuevos alcaldes y a las comunidades que dirigen, desde el miércoles pasado, para decirles lo que implica gobernar en los tiempos actuales. Habló de los avances logrados en dos años y de los pendientes que aún se tienen en materia de seguridad y de combate a la pobreza, sin los cuales no habrá justicia ni puede haber desarrollo. El mensaje es inobjetable: bajar la guardia sería retroceder, perder lo conseguido. Para replegar a los violentos se necesitan instituciones fuertes y sociedades integradas y respetuosas de la ley.
Otro tema prioritario en la agenda del gobierno es el desarrollo económico basado en la competitividad. Por tanto, Moreira llamó a valorar la riqueza de hidrocarburos de Coahuila, localizada en los municipios del norte, para atraer inversión, generar empleos y acortar brechas sociales. El aprovechamiento del gas de lutita será uno de los efectos de la reforma energética. El optimismo se funda en los beneficios que la apertura de Pemex al capital privado, nacional y extranjero, a la que hasta hace poco el PRI se oponía, empezará a reportar al estado en los próximos dos o tres años.
Sin embargo, por otro lado existen riesgos —“nubarrones de tormenta”, los llamó el gobernador— por la crisis del sistema de pensiones que afectará al estado y a los municipios, excepto a Saltillo, que supo prevenirla, si desde ahora no se adoptan medidas para evitar la quiebra y la afectación de cientos de miles de trabajadores. En este caso, como en los temas financiero y de seguridad, Rubén Moreira se dice dispuesto a asumir los costos. La alternativa es actuar o entrar de nuevo en una espiral de conflictos.
Identificar los problemas y abordarlos con claridad y decisión, en vez de evadirlos y tender cortinas de humo para ganar aplausos que al poco tiempo se convierten en repudio social, es la manera de resolverlos. Rubén Moreira dio en La Laguna un mensaje que fija rumbos y que sin exagerar logros, los cuales ahondan aún más las diferencias entre su administración y la de su hermano Humberto, admite rezagos, llama a la unidad de las distintas regiones del estado y compromete al gobierno de Coahuila y a los alcaldes a gobernar sin distingo de partidos. Condición democrática que debe cumplirse más allá de los discursos.


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