Capitolio

Competencia inicua

“¡Suerte de gobernador!”. Así exclamaba Gerardo Dávila cuando su jefe Óscar Flores Tapia descubría que tal bulevar o carretera pasaría, casualmente, frente a alguna de sus propiedades en Saltillo, las cuales, por cierto, no eran muchas. Flores Tapia asumió el gobierno del estado a los 62 años, después de una larga carrera política forjada en el sacrificio y en una determinación inquebrantable. Renunció al cargo en 1981 y murió en 1998 sin fortuna, mas sí con el reconocimiento de amplios sectores por su obra, sobre todo en la capital, y el reproche de algunos grupos, en particular de La Laguna. Fui su amigo, sin haber faltado a mi compromiso como periodista, y le acompañé en sus últimas horas.Dudo que el secretario particular de Angélica Rivera y del titular de Hacienda, Luis Videgaray, tengan los arrestos de mi tocayo Dávila —hombre menudo y de buenas maneras— para decirle a sus jefes que la suerte de haber sido favorecidos por el grupo Higa se la deben a su posición en la escala del poder, no a otra cosa. Hoy las figuras más cercanas al presidente Peña, su esposa y su secretario de Hacienda, arden en la hoguera pública sin posibilidades de rescate. El pueblo no perdona. Menos la soberbia, el más grave de los pecados capitales.Flores Tapia, por su genio atrabiliario y las enemistades gratuitas y las bien ganadas que sembróen su camino, contribuyó al final de su carrera. Sin embargo, no acumuló los caudales que el presidente López Portillo y otros agentes políticos de la época —nacionales y locales— inventaron para separarlo del gobierno. Para justificar los cargos y evitar el ridículo, le pidieron “regresar” dos propiedades. Un predio sin agua y de escaso valor en la sierra de Arteaga y un terreno en Parras.Hoy los políticos, incluso los de medio pelo, compiten por volverse millonarios de buenas a primeras, poseen viviendas, coches de lujo y otras excentricidades. Además sonostentosos. Lo mismo funcionarios de la pasada administración estatal, ex rectores con casa en Bella Unión y ex alcaldes,que delegados federales, uno de ellos convertido en presidente de un comité municipal del PRI en La Laguna quien explota sin ruborfamas ajenas, a través del apellido. El país está sembrado de casas blancas, verdes, azules, amarillas, gracias a la cleptocracia.El neologismo se traduce como“el dominio de los ladrones”. Wikipedia lo registra así: “Es el establecimiento y desarrollo del poder basado en el robo de capital, institucionalizando la corrupción y sus derivados como el nepotismo, el clientelismo político, el peculado, de forma que estas acciones delictivas quedan impunes, debido a que todos los sectores del poder están corruptos, desde la justicia, funcionarios de la ley y todo el sistema político y económico”.Entre el descubrimiento de las mansiones de Rivera y Videgaray y las miles del país en la penumbra, producto también del tráfico de influencias, el conflicto de interés o el hurto sin maquillaje ni eufemismos, existen dos diferencias fundamentales: 1) los medios de comunicación. Unos investigan y denuncian, la mayoría opta por el silencio; y 2) no en todos los estados y municipios existen contratistas del tamaño de Higa, dispuestos a cumplir el capricho de los hombres y mujeres del podera la menor provocación. Pero sobran equivalentes a escala y, sobre todo, prestanombres. 


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