Capitolio

Charlie y Scherer

El atentado contra el semanario Charlie Hebdo nos recuerda que la mezcla de fanatismo, política y religión siempre tendrá consecuencias funestas. La agresión provocó manifestaciones alrededor del mundo contra el terrorismo islamista, y en favor de la democracia y la libertad, en particular la de expresión.Poco antes de los sucesos de París, México había perdido a uno de sus periodistas más decentes y valerosos: Julio Scherer, a quien la vesania del presidente Echeverría depuso de la dirección de Excélsior, en 1976. Después, como director de Proceso, resistió la inquina de López Portillo, Salinas de Gortari y Vicente Fox. Ninguno pudo con él porque cuando la prensa se reviste de ética y compromiso con las libertades, deviene en fuerza indestructible.Frente al fundamentalismo en Europa y los intentos del poder político, criminal y fáctico en nuestro país por silenciar y controlar a los medios de comunicación, o por lo menos suavizar sus líneas editoriales, muchos de los cuales ceden por miedo o por convenir así a sus intereses, la democracia necesita un periodismo fuerte e independiente. “Donde la prensa es libre y todo hombre es capaz de leer, todo está salvado”, advierte Thomas Jefferson.Ben Bradlee, quien, como director de The Washington Post, provocó la caída de Richard Nixon, el 9 de agosto de 1974, tras el escándalo de “Watergate”, proclamaba: “El fundamento periodístico es buscar la verdad”. Scherer la persiguió y muchas veces dio con ella. Por tal motivo, era temido por los políticos rapaces, pero respetado por legiones; incluso por quienes criticaban su forma de hacer periodismo. La voz de Ryszard Kapuscinski es un martillo cuyo sonido no deja de escucharse y de enfadar a ciertos sectores de la prensa: “Los cínicos no sirven para este oficio”.La agresión contra Charlie Hebdo y la lucha pertinaz de Scherer por un periodismo decente y libre deben servir, también, para voltear los ojos a nuestro país. El asesinato de reporteros y otras formas de amedrentar amenazan a los medios, a la libertad y a la sociedad. Es momento de tomar en serio a los casi cien periodistas ejecutados en los últimos catorce años; de lo contrario, la corrupción y otros cánceres acabarán con todo. 


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx