Capitolio

Entre Cárdenas y Peña

El país tendrá tiempo suficiente para celebrar o para lamentar la reforma energética, cuyas leyes secundarias fueron promulgadas ayer a bombo y platillo. La experiencia aconseja mesura. El 29 de julio, el gobernador de California, Jerry Brown, dijo a los senadores mexicanos que si no regulaban la inversión extranjera con “mano dura”, las transnacionales “se los van a comer vivos”. Una vez abierto el sector, el gobierno deberá lidiar con gigantes cuyo apetito por la ganancias es proporcional a su tamaño y dirimen sus pleitos en tribunales internacionales.Carlos Salinas apuntilló al ejido con la reforma al artículo 27 constitucional, después de haber sido bautizado por campesinos laguneros con líquidos y proyectiles lanzados durante su campaña. Ahora le corresponde al presidente Peña Nieto liquidar el otro legado del general Lázaro Cárdenas: la nacionalización petrolera. Reparto agrario y expropiación fueron un fracaso social y económico. Políticamente rindieron un poco más, pero finalmente el resultado fue el mismo.¿Cómo defender el ejido y a Pemex si en lugar de transformarse en modelos productivos y generadores de riqueza para los mexicanos crearon vastas zonas para la corrupción, el clientelismo electoral y el enriquecimiento de empresarios, políticos y líderes venales? En sus campañas por La Laguna, los candidatos presidenciales ofrecían condonar la cartera vencida de la banca agrícola del sexenio a punto de terminar. En actos de prestidigitación política ante legiones de acarreados, cientos, miles de millones de pesos que ya habían pasado a cuentas particulares, se convertían en deuda pública. Óscar Brauer, secretario de Agricultura de Luis Echeverría, fue despedido por declarar que en México los campesinos estaban organizados para votar, no para producir. Lo mismo pudo haber aseverado del sindicato petrolero cualquier director de Pemex, pero ninguno se atrevió. Al contrario, fue el gremio, bajo la férula de Joaquín Hernández “La Quina”, quien retó al presidente De la Madrid: “Si se hunde Pemex, se hunde usted”.El problema con la reforma al 27, para que los ejidatarios pudieran asociarse con el capital privado, rentar y vender sus tierras, es que no aumentó la producción, sino el acaparamiento. Mucho menos se logró el propósito expuesto en los motivos de la iniciativa salinista: “Justicia social. Elevar el bienestar de los productores y aumentar la producción del campo (…)”. Un campo que hoy es más pobre y los políticos y especuladores mucho más ricos. ¿Quién asegura que no pasará lo mismo con el petróleo? Nadie.La reforma energética era necesaria y el presidente Peña tiene mérito por haberla acometido. El PAN no pudo conseguirla por tener en contra al PRI y el PRD jamás la habría propuesto. Sin embargo, habrá que esperar sus consecuencias. Quizá lleguen cuando Peña ya haya dejado el poder. Y si no, ¿a quién reclamarle? El país volverá a pagar los costos. La fórmula de reformarlo todo, bajo el criterio de que el desgaste es igual en lo mucho o en lo poco, la tomó de Tony Blair, pero Peña no es el ex primer ministro laborista ni México es el Reino Unido. En su libro “Decisiones difíciles”, la ex secretaria de Estado de Estados Unidos y aspirante presidencial, Hillary Clinton, advierte que sin respaldo social, ninguna acción de gobierno tiene el éxito seguro, dentro o fuera de sus fronteras. Cuando Cárdenas expropió el petróleo, la gente salió a las calles exultante. Hoy la celebración por la reforma energética es de puertas adentro. 



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