Capitolio

Cárcel a corruptos

La falta de credibilidad juega en contra del gobierno y dificulta cualquier intento por recuperar la confianza ciudadana, sin la cual las instituciones carecen de sustento. Corrupción existe en todo el mundo, pero en México la impunidad la abona. Resulta paradójico que si ese es el problema nacional por antonomasia, como Transparencia Internacional nos lo recuerda cada año y la prensa internacional a veces cada semana, todavía no exista una ley lo suficientemente estricta y aplicable para poner tras las rejas a los corruptos, como sucede en otras partes del mundo, ya no digamos en países más desarrollados, sino en democracias incipientes como la peruana.En contextos de descomposición política, decaimiento moral y crisis económica, los populistas cobran impulso y ganan elecciones, pues ofrecen viajes al edén todo pagado, cuandoen realidad conducen al infierno sin escalas. Hoy mismo puede sucederle a Grecia, donde el discurso de no pagar deudas con la Unión Europea y de regresar a los tiempos del derroche le funcionó a la Coalición de Izquierda Radical (Syriza) en campaña, pero aplicarlo equivaldría a darle un tiro en la sien al gobierno de su carismático líder Alexis Tsipras.Algo parecido sucedió en Perú, en 1990. Entre la propuesta del escritor Mario Vargas Llosa, de un gobierno democrático, moderno y respetuoso de la Constitución, y la de un desconocido Alberto Fujimori, que prometía el paraíso apenas salir de las casillas, ganó la populista. Fujimori purga hoy una condena de cuarenta años de prisión por los delitos más variados y siniestros: homicidio calificado, asesinato con alevosía, peculado culposo, apropiación de fondos, sobornos a congresistas, compra de líneas editoriales y escuchas telefónicas.México, sus políticos y la sociedad tienen mucho que aprender de experiencias como la peruana, cuyo éxito se debe a una ciudadanía despierta, consciente de los costos que una mala decisión en las urnas comporta, a partidos comprometidos con un cambio real, no solo retórico, y finalmente a la elección de gobiernos responsables. También contribuyó el encarcelamiento de un ex presidente y de su consejero de cabecera. Mientras aquí los corruptos sigan sueltos, el país permanecerá estancado y nadie creerá en el gobierno ni en las instituciones.


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