Capitolio

Caos en los estados

La anarquía en casi la totalidad de los estados es consecuencia de doce años o más de libertinaje. En ese período, los gobernadores pasaron de virreyes a soberanos, sin un poder capaz de acotarlos. Los congresos y tribunales locales, así como los diputados federales y senadores estaban bajo su férula. Una de las críticas a Vicente Fox y a Felipe Calderón consiste en no haber desmantelado el sistema priista. Además de la falta de juicio e impericia de uno y de la escasa legitimidad del otro para acometer semejante empresa, no era sencillo borrar de un plumazo un partido que ejerció el poder por más de siete décadas.Todavía hoy, la mayoría de los gobernadores, alcaldes, congresos locales y diputados federales y senadores son militantes del PRI, razón por la cual Mario Vargas Llosa no ha mudado de opinión sobre el partido fundado por Plutarco Elías Callesen 1929. Además, en una democracia son los electores y no los gobernantes quienes deciden la permanencia de una fuerza política. El Verde y otros no existirían si los ciudadanos dejaran de votar por ellos y sus líderes corruptos. El PAN, en doce años, demostró ser igual de deshonesto.Fox tuvo la oportunidad histórica de limitar al PRI, como lo prometió en su campaña cuando hablaba de la fauna instalada en Los Pinos. No podía hacerlo por la fuerza, como lo intentó contra López Obrador, pero sí con actos congruentes y un gobierno eficaz y visionario. Su mayor fracaso fue contra la corrupción, donde la hubiera, no solo en el PRI, sino en el PAN y en los demás partidos, en los estados y en los municipios. Sin embargo, resultó frívolo como López Portillo, pero menos culto. Tampoco tuvo valor para afrontar a la delincuencia organizada.El segundo presidente panista no podía, como era su intención, contener a los gobernadores, sobre todo del PRI, pues incluso algunos le ayudaron a ganar las elecciones. Otra de las aliadas de Felipe Calderón fue Elba Esther Gordillo, quien cobró los votos del Panal con oro e impunidad. Hoy el expresidente le reprocha a los gobernadores su falta de compromiso en la lucha contra el narcotráfico, situación que explica en buena medida la descomposición de los cuerpos de seguridad pública. Si la estrategia falló en Michoacán, fue porque las autoridades locales, como ahora se comprueba, estaban (y siguen) coludidas con los barones de la droga.El país paga hoy la irresponsabilidad de autoridades locales rapaces, sin freno ni contrapeso. Su repliegue en los momentos álgidos de la batalla contra el crimen ha costado innumerables vidas, recursos económicos ingentes y descrédito internacional. Incluso el presidente Peña es corresponsable de la crisis de inseguridad y otros conflictos en el Estado de México, como predecesor de Eruviel Ávila, el oficioso y torpe gobernador que primero exculpó al Ejército de la masacre de Tlatlaya y ahora quiere enmendar el entuerto.Los ejecutivos locales, sobre todo quienes ejercieron durante la mayor parte del sexenio de Calderón, tienen mucha culpa de lo que hoy sucede en la república. Humberto Moreira dejó una administración virtualmente en quiebra, un sistema de pensiones convertido en bomba de relojería y municipios inseguros y en manos la delincuencia. Excepto por la deuda, Coahuila ha salido del grupo de estados en crisis, lo cual ha costado sangre, sudor y lágrimas. “Gobernar significa descontentar”, decía Anatole France. 



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