Capitolio

Brecha política

Isidro López (Saltillo/PAN) y Miguel Riquelme (Torreón/PRI) no tuvieron luna de miel en su primer año de ejercicio; y si la hubo, resultó tan efímera como un suspiro. Los alcaldes capitalino y lagunero son los más observados, por varias razones: 1) gobiernan a la mitad de los 2.7 millones de habitantes de Coahuila (el primero a cien mil más, según el último censo del Inegi); 2) la rivalidad histórica entre ambas ciudades por el control político del estado; y 3) la incidencia de su desempeño en la sucesión estatal de 2017. El último gobernador de La Laguna se eligió en 1963.El alcalde de Saltillo recibió una administración ordenada, una ciudad con equipamiento y buenos servicios, y deudas poco significativas, mas no exenta de problemas de seguridad, transporte y abasto de agua. El PRI, que no perdía la capital —pieza clave en el tablero electoral del estado— desde 1993, atribuye los desaciertos de la gestión panistas a la falta de oficio político. La carta abierta del municipio al presidente Enrique Peña, al secretario de Gobernación Miguel Osorio, al procurador Francisco Murillo y a otras instancias, publicada el 12 de mayo para denunciar actos de espionaje contra el alcalde y algunos colaboradores, enfrió la relación entre Isidro López y el gobernador Rubén Moreira.Riquelme recibió Torreón en el peor de los mundos posibles: deudas excesivas, un Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento en crisis, servicios públicos colapsados, infraestructura descuidada e insuficiente, finanzas débiles por falta de ingresos, inversión mínima, altos índices de desempleo, inseguridad, desconfianza e irritación ciudadana por el desempeño de su predecesor Eduardo Olmos. Convertido en el principal bastión del PRI, el gobernador Rubén Moreira hizo de Torreón una especie de capital alterna donde desarrolla jornadas a veces más largas que en Saltillo. La preferencia por esta región hace pensar en un gobernador lagunero para las elecciones de 2017.Existen otros motivos para convertir a Torreón en segunda sede: 1) contener la presión de grupos económicos,sociales y políticos para separarse de Coahuila y de Durango. El más contestatario es Ella (Estado de La Laguna), cuya influencia y acceso a las altas instancias federales le permiten afrontar al gobernador Moreira y pedir la renuncia del alcalde; y 2) evitar que la ciudad vuelva a llamar la atención de Los Pinos y de Gobernación como una de las metrópolis más violentas del país y del mundo como lo fue en el sexenio de Humberto Moreira y en los primeros años del actual gobierno. Carlos Loret de Mola escribió en su columna de “El Universal” que el criterio de la administración peñista es: “Donde hay un mal gobernador, hay problemas de seguridad”.Adicionalmente, está el factor político. El PRI es oposición en Saltillo, Monclova, Frontera, Acuña, Parras y cinco municipios más,en poder del PAN y de otras fuerzas,los cuales concentrancasi la mitad de la lista nominal de electores ypueden inclinar la balanza en los comicios para gobernador y alcaldes de 2017. El gobierno y su partido necesitan afianzarse en La Laguna, donde el año pasado ganaron todos los ayuntamientos. Solo en Torreón estuvieron a punto de perder. El candidato panista Jesús de León obtuvo incluso más votos que Riquelme, pero un puñado de satélites salvó al PRI de la derrota. 


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