Capitolio

Bomba de relojería

El fenómeno de la emigración infantil debe afrontarse desde su raíz más profunda. Las legiones de niños que cruzan fronteras en busca de horizontes menos sombríos, reflejan pobreza y atraso secular de países atrapados por dictaduras de izquierda y derecha a lo largo de su historia. La democracia no es la panacea universal, pero permite nivelar a las sociedades según se organicen y participen en los asuntos públicos. A mayor calidad democrática, mayor libertad, justicia y desarrollo. En el corazón del drama por el desprendimiento masivo de niños de sus hogares y comunidades, sin la compañía de adultos, subyacen dos problemas arraigados al sur de Estados Unidos: la corrupción y el delirio de líderes mesiánicos y gobiernos populistas aferrados a fórmulas de probada ineficacia, cuyo propósito es perpetuarse en el poder por medio del temor y de utopías igualitarias, como sucede en Cuba, Venezuela y Nicaragua.


Para tener una idea sobre la magnitud del éxodo infantil, en su mayoría procedente de Guatemala, Honduras y El Salvador, aunque también existe en México, basta un dato: en 2013, el gobierno de Estados Unidos detuvo a más de cuarenta y siete mil niños, de los cuales cerca de treinta y nueve mil viajaban sin un familiar. Para el cierre del año fiscal 2014, o sea en septiembre, la cifra puede llegar a los noventa mil. La situación empeorará mientras persistan las condiciones de pobreza, inseguridad y la falta de estado de derecho en los países expulsores.


El fenómeno no es nuevo ni excluye a México. Si hoy forma parte de la agenda regional se debe a que, por falta de atención, devino en crisis humanitaria. Un informe sobre el estado general de los derechos humanos de los migrantes y sus familias, presentado en junio de 2011 con motivo de la visita del comisionado Relator Especial de Trabajadores Migratorios y Miembros de sus Familias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a nuestro país, advierte en su introducción (“Migración en México, de la decepción democrática a la emergencia humanitaria”):


“Las personas se ven obligadas a abandonar su lugar de origen para buscar en una comunidad nacional distinta las posibilidades de satisfacer condiciones mínimas de desarrollo para sí y para su familia. Tal decisión refleja también el abandono de los poderes públicos en sus tareas con el fin de atenuar, disminuir o erradicar las desigualdades y formas discriminatorias imperantes en la región de Centroamérica y México”.


En el capítulo IV (Tránsito), señala: “Informes de organizaciones no gubernamentales (ONG), tanto nacionales como internacionales, así como de organismos internacionales sobre la cuestión de la niñez migrante, han detectado una creciente participación de niñas, niños y adolescentes (NNA) no acompañados en los flujos migratorios que buscan ya sea mejorar su calidad de vida y la de su familia o la reunificación familiar con padres migrantes que se encuentran en México o en Estados Unidos. En 2009, aproximadamente 15 mil 500 NNA no acompañados mexicanos fueron repatriados de Estados Unidos a México. Aproximadamente, 20% fueron niñas y 80% niños. Alrededor de dos mil NNA no mexicanos fueron detenidos”.


Para desactivar esta bomba de relojería, como la define el comisionado Relator sobre los Derechos de los Migrantes, Felipe González, los países deben realizar su trabajo y no transferirlo a otros. Por abandonar a sus niños tanto tiempo, los gobiernos de México y Centroamérica provocaron un nuevo conflicto y el disgusto de Estados Unidos.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx