Capitolio

Avisos de alerta

Pocos secretarios de Gobernación, en una presidencia del PRI, han llegado tan desprovistos de experiencia y bagaje político como el actual, Miguel Ángel Osorio Chong. Haber gobernado un estado caciquil como Hidalgo no basta para encauzar la política interna del país. Osorio ha ido de traspié en traspié. Todo el mundo lo rebasa: por la derecha, por la izquierda y por el centro a pesar de tener mayor influencia,presupuesto y estructura que sus predecesores del PAN. El asiento le quedó bastante holgado y el país para los costos.
En el caso de las pérdidas humanas y materiales por los ciclones “Ingrid” y “Manuel”, Osorio jamás pudo convencer de que el Centro Nacional de Prevención de Desastres—a su cargo— alertó a tiempo a los estados en peligro inminente. Y si lo hizo, los gobernadores olímpicamente lo ignoraron. En la mayoría de las comunidades, los avisos llegaron cuando ya solo quedaban víctimas y escombros. La cultura de “más vale lamentar que prevenir” es secular.
Por más poder que el presidente Enrique Peña ha concentrado en Osorio, las cosas no mejoran. Incluso pueden haber empeorado. Antes de que Francisco Labastida —jefe de Bucareli en el sexenio de Ernesto Zedillo— perdiera con Vicente Fox la Presidencia, Gobernación ya no tenía la fuerza de antaño. Dejó de ser antesala presidencial cuando la técnica suplantó a la política.
El 30 de noviembre de 1988 asistí al segundo informe de Fernando Gutiérrez Barrios, gobernador de Veracruz. Le acompañó la plana mayor de la política de nacional. El ex capitán del ejército y ex jefe de la Dirección Federal de Seguridad destacó la presencia de Raúl Salinas Lozano y Raúl Salinas de Gortari, padre y hermano de quien, al día siguiente residiría en Los Pinos. El clímax ocurrió al anunciar que Carlos Salinas le había invitado a hacerse cargo de la política interior.
Pero ni el poder que acumuló en Gobernación le bastó para alcanzar la silla del águila. Cuando el clan sintió que la sucesión podía salirse de su control, el presidente se desembarazó de Gutiérrez Barrios sin miramiento. Las sucesiones de 1945 y 1951 se resolvieron por dos veracruzanos (Miguel Alemán y Ruiz Cortines) y Salinas no quería sorpresas. Los sobresaltos vinieron un año después, con la irrupción del EZLN y otros sucesos que sepultaron el proyecto transexenal salinista.
Si a Osorio le queda grande la silla de Gutiérrez Barrios, no se diga las que antes ocuparon Narciso Bassols, Lázaro Cárdenas, Ernesto P. Uruchurtu, Gustavo Díaz Ordaz y Jesús Reyes Heroles. El ex gobernador de Hidalgo luce siempre inseguro, nervioso, y los tiempos por venir serán todo, menos apacibles. El Pacto por México pudo protegerlo un tiempo, pero la CNTE y el SME lo doblegaron. Por otro lado, las autodefensas comunitarias lo han puesto en jaque.
El otro aspirante temprano a la Presidencia, Luis Videgaray, tampoco está en un lecho de rosas. La reforma fiscal lo puso al borde del abismo: lastimó a la clase media y su deseo de controlar economía y política al mismo tiempogenera malestar entre los gobernadores. Y fueron ellos, los del PRI, quienes más contribuyeron a la victoria de Peña Nieto. Con una oposición en ascenso,que capitaliza los yerros de Osorio y los excesos de Videgaray, y una presión social al alza, el presidente debe atender los avisos de alerta si no quiere tener un año aciago, como 1994 lo fue para Salinas.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx