Capitolio

Apología del delito

En un país donde el principal cínico es el gobierno, no extrañaría ver a Joaquín Guzmán afrontar en el futuro nuevos cargos. La Presidencia podría acusarlo de perturbar el sueño imperial de Peña Nieto; la SCT, por no asignar la construcción del túnel “Almoloya-La Libertad” al Grupo Higa o a Obras cón Huarte Lain (OHL); Hacienda, por evadir al fisco; Gobernación, por interrumpir las placeo parisino del secretario; la Función Pública, por no presentar “en tiempo y forma” su declaración de conflicto de intereses; y Comunicación Social de Los Pinos, por recodarle a los mexicanos la realidad del país y la incompetencia gubernamental.

Cuando el presidente empezaba a tomar aliento, “El Chapo” se fugó y todo lo descompuso. Mientras Peña filosofaba en París sobre las bondades de la cooperación internacional —¿por qué entonces no extraditó a Guzmán a Estados Unidos?—, en México el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio y la Comisión de Seguridad del Congreso recorrían la casa por donde escapó el líder del cartel de Sinaloa.

El discreto edificio de condominios donde Guzmán fue capturado el 22 de febrero de 2014, en Mazatlán, se convirtió en atractivo turístico. Visitantes locales y foráneos acudían para hacerse fotografías con sus teléfonos móviles frente a la fachada. ¿Celebraban una victoria del Estado mexicano o retrataban el sitio donde terminó la carrera de un “héroe” popular, como en su tiempo se consideró al colombiano Pablo Escobar, jefe del cartel de Medellín?

Por el temor de ser extraditados, Escobar y sus secuaces transmutaron la guerra contra el gobierno en violencia política —con el asesinato de varios candidatos presidenciales— y terrorismo contra la sociedad civil. El baño de sangre incluyó la explosión de un vuelo comercial. La extradición de “El Chapo” le habría ahorrado al presidente Peña otro ridículo internacional, y a los mexicanos un nuevo motivo de oprobio.

Nadie mejor que el gobierno para hacer apología del delito, pues en lugar de castigarlo lo estimula.

Esa es la razón por la cual un alto porcentaje de jóvenes desean ser narcotraficantes en lugar de técnicos, policías o profesionistas sin empleo o castigados por las propias autoridades. Ya ni siquiera desean ser políticos, por considerarlos, con toda seguridad, una peor lacra. 


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx