Capitolio

Amigos del presidente

Las circunstancias obligan a Enrique Peña a demostrar que “el presidente no tiene amigos”, pues la responsabilidad de serlo “es única y compromete a uno con todo México y solo con México”. La declaración la hizo a El País de España, a principios de junio pasado, en su primera gira por Europa. El horizonte —iluminado entonces por las reformas—no presagiaba tormenta. Tres semanas más tarde, el primer nubarrón se formó en Tlatlaya, pero la tempestad se desató en Ayotzinapa y dejó al gobierno a la deriva.¿Cómo puede el presidente probar su compromiso con el país, por encima de amigos, correligionarios y contratistas favoritos? Investigar a ex gobernadores acusados de compartirel poder con la delincuencia organizada,enriquecerse ilícitamentey arruinar a sus estados, sería un buen principio. Contra varios de ellos existen denuncias y expedientes en los archivos de la ya cansada PGR. También las hay contragobernadoresempeñados en seguir los pasos de sus predecesores. Ejemplos sobran, en el PRI, el PAN y el PRD.Uno de los gobernador más torpes del país es Javier Duarte de Ochoa (PRI), de Veracruz, cuya coeficiente intelectual lo expresó su antecesor, el corrupto Fidel Herrera, cuando la campaña de su pupilo empezaba a naufragar, en dos palabras: “anda rete apendejado”. Otros colegas suyos cuidan las formas, fingen, inventan agendas; en un palabra, capean el temporal y se esfuerzan por no convertirse en un problema para el afligido presidente Peña Nieto. La incapacidad de Duarte es proverbial y supera con creces su falta de legitimidad.El priista ganó las elecciones de 2010 con cañonazos de la Secretaría de Finanzas, de la cual fue titular antes de ser impuesto como candidato por Herrera para cuidarle las espaldas. Tan pronto Duarte asumió el poder, se desencadenó la violencia, la deuda pública creció de manera exponencial y la libertad de expresiónentró en una zona de oscura. Diez periodistas han sido asesinados en la gestión de Duarte; y para desagraviar al gremio, el gobernador se quema incienso.Para disimular su ñoñez, el veracruzano ha recurrido a dietas, tratamientos y cirugías estéticas. Sin embargo, “lo que natura no da, Salamanca no presta”. Antes de iniciar la campaña presidencial de Peña Nieto, un vuelo nocturno procedente de Xalapa aterrizó en el aeropuerto de Toluca con veinticinco millones de pesos en efectivo. La PGR decomisó el dinero y Duarte lo reclamó con el argumento de que no eran para comprar votos, sino para sufragar “eventos”. El desliz confirma el diagnóstico sobre los alcances neuronales del gobernador.Fidel Herrera, quien se candidateó para embajador de México en Grecia, como Humberto Moreira aspiró a la de Cuba, se enriqueció obscenamente en el poder; otra coincidencia. Para justificar su fortuna, el priista inventó haberle atinado un par de veces al premio mayor de la Lotería. El actual gobernador de Veracruz es tocayo de otro Duarte (César, de Chihuahua), cuya afición es la de banquero. Senadores del PAN, el PRD y el PT solicitaron a la PGR, a Hacienda y a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, investigarlo por comprar en sesenta y cinco millones de pesos el quince por ciento de las acciones del Banco Progreso de Chihuahua.Para ganar credibilidad y demostrar que el presidente no tiene amigos, Peña Nieto tiene mucha tela que cortar en los estados. 


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