Capitolio

Alternancia engañosa

El chiapaneco Manuel Velasco Coello confirma sobradamente la sentencia del periodista francés Albert Guinon, quien advertía: “Cuando no se elige al más animal de todos, parece que no es realmente democracia”. Nieto de Manuel Velasco Suárez, este novel político se ostenta como primer gobernador del Partido Verde (por fuera, podrido por dentro), pero en realidad lo es del PRI como lo fue su abuelo en tiempos de Luis Echeverría, cuando el estado era una de las principales reservas de votos para ese partido.

Si a Peña le funcionó la facha, la propaganda y tener a una estrella de Televisa a su lado para llegar a Los Pinos, ¿por qué no a él?, ha de pensar Velasco Coello. Desde la perspectiva de Guinon, está en lo cierto. Sin embargo, difícilmente el país tropezará de nuevo con la misma piedra de la publicidad engañosa, chatarra. Existen descuidos demasiado caros. La alternancia en Chiapas es aparente, falaz. La alianza Verde-PRI obtuvo el gobierno a cambio de impunidad.

Juan Sabines Guerrero, predecesor de Velasco, heredó a los chiapanecos una deuda todavía superior a la que Humberto Moreira endosó a sus paisanos. Se calcula en cuarenta mil millones de pesos. Se suponía que las irregularidades cometidas por Sabines, quien llegó al poder postulado por el PRD, lo pondrían tras las rejas, pero no. El ex gobernador se protegió con una sucesión a modo. Traicionó al PRD para no ser investigado, aun cuando, como en Coahuila, no exista claridad sobre la legalidad y el destino de los créditos contratados para hipotecar al estado.

Es cosa del ADN. Sabines militó antes en el PRI y su padre Juan Sabines Gutiérrez fue también gobernador de Chiapas —como el abuelo de Velasco—. No de balde el surgimiento del EZLN ocurrió en esa entidad, una de las más depauperadas del país. Las castas y las dinastías políticas han ahondado esa condición y exacerbado el malestar entre las comunidades indígenas. Las causas de la insurrección siguen vivas y se han extendido a otras regiones del país ante un gobierno insensible y ávido de dinero.

La alternancia en Tabasco tiene otra cara. El también ex priista Arturo Núñez Jiménez ganó el gobierno y destapó la cloaca. Andrés Granier Melo dispuso del erario como patrimonio propio. Desvió recursos y se dio vida de sibarita; él, su familia y sus colaboradores. Hoy está en la cárcel. ¿Venganza? ¿Lo es castigar a los ladrones? No. En México estamos tan desacostumbrados al imperio de la ley que cuando se aplica sorprende. Máxime si es a un político.

Velasco Coello quiere ser presidente, como Enrique Peña, y utiliza el mismo guión. Dicen que lo den “por muerto”. No hace falta, ya lo está. No por el manejo obsceno e irresponsable del estado —en tal caso, más de la mitad de los gobernadores, en un país de leyes, ya habrían dejado de serlo— ni por su frivolidad, la cual parece condición política, sino por tonto. Negar el pago de cientos de millones de pesos para que su imagen fuera portada de la revista “Cambio”, sociedad inicial de Televisa y el nobel de Literatura Gabriel García Márquez, es subestimar la inteligencia de los mexicanos.

Si “todas las enfermedades de la democracia pueden ser curadas con más democracia”, como observaba Alfred E. Smith, es hora de que en México deje de elegirse al más animal de todos, justamente para no acabar con la democracia… ni con el país, para lo cual no falta mucho.

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