Capitolio

Actitud y vampirismo

Ryszard Kapuscinski cuenta en su libro “El Emperador”, cómo en un esfuerzo desesperado e inútil por mantenerse en el poder, Tarafi Makonnen, mejor conocido como Haile Selassie I, envió a un grupo de jóvenes a estudiar al extranjero. El gestocongraciador, en vezde posponer lo inevitable, lo aceleró: ellíder etíope fue derrocado definitivamente el 12 de septiembre de 1974. Losuniversitarios vieron fuera lo que no encontraban dentro: libertad,yde regreso ayudaron a otras fuerzas para sacudirse al soberano.Con algunos seleccionados mexicanos que participan en el Mundial de Brasil sucede lo mismo. Todavía son pocos los fichados en Europa, pero ese puñado ha descubierto un nuevo mundo y transmitido a sus compañeros una actitud sin complejos. Carlos Vela, delantero del Real Sociedad de España, declinó ir a la tierra de Pelé por no estar al cien por cien. Incluso quienes no han jugado en equipos extranjeros, pero lo han hecho en Estados Unidos y en otros países, en competiciones regionales, miran las cosas de manera diferente y lo demuestran en la cancha, no exenta, por cierto, de payasos.La moraleja es que el intercambio iguala, abre horizontes, rompe jerarquías. Ahí está España, el campeón de la Copa 2010, que de buenas a primeras fue eliminado por Holanda y Chile. En cambio, el aislamiento en que México vivió durante décadas, sin hacer otra cosa que mirarse el ombligo, fue causa de retraso político (la dictadura perfecta), económico, social y cultural. ¿Qué líder nacional es hoy motivo de orgullo? ¿El “salvador de México”, según “Time”? ¡Por favor! Nuestro mejor hombre en foros internacionales es Ernesto Zedillo, para dolor de Salinas de Gortari. El primero es reconocido como estadista, el segundo, como villano. El país tiene derecho a divertirse y necesidad de desahogarse. Soportar a los políticos veinticuatro horas diarias, porque aún dormidos causan daño, y de paso una reforma fiscal mezquina e inquisitoria, no es poca cosa. Sin embargo, un triunfo deportivo —pensar en ganar la Copa es una quimera— tiene la duración de un suspiro. La euforia pasa pronto y la resaca no tanto. Dar a las cosas su justa dimensión, contrastar capacidades y tomar cápsulas de realismo en dosis precisas evita frustraciones.El futbol debe verse como tal: un espectáculo, un negocio privado que en México lo contagia todo. Y en ese avasallamiento, deportes bellos como el beisbol han sido marginados por los medios de comunicación, en especial por las televisoras, por los gobiernos y por los patrocinadores. En Estados Unidos existe —como en nuestro país— afición para cada especialidad; además de los ya citados, para el basquetbol, el voleibol y un largo etcétera. La diferencia es que allá se promueven, reciben cobertura por igual, y aquí no. El mismo Brasil tiene diversificados sus deportes y es líder no solo en futbol.El resultado de políticas gubernamentales y comerciales integradoras se aprecia en el medallero de los Juegos Olímpicos cada cuatro años. La primacía de los intereses económicos —visibles y embozados— desprestigia el futbol. Cobijados por el vampirismo de la multinacional llamada FIFA,los escándalos de corrupción abundan. Brasil, el paraíso dela samba y el balompié, la potencia de los cinco campeonatos, vive el Mundial entre protestas populares por el derroche en los estadios y en la organización de la Copa y la miseria circundante. 



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