La energía de Baker

El éxito y las moscas de la Ronda Uno (I)

En el gran escenario, el proceso licitatorio del 15 de julio fue un éxito. Administrado por la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), fue una reivindicación del derecho del Estado a dirigir, por su cuenta y a su manera, el curso de la política petrolera del país.

Así, fue un rechazo después de más de medio siglo de la política equivocada plasmada en la Ley Petrolera de 1958, que, en su momento, nació bajo el umbral de la obsesión del Tercer Mundo por la sustitución de importaciones.

La ley exigía que solo Pemex tendría la encomienda de explorar y explotar, a cuenta de la nación, contratando terceros en la forma que quisiera, salvo con las prohibiciones de no pagar en especie ni en ningún cálculo en términos porcentuales.

Fue exitosa en la medida en que la CNH, una institución creada en la reforma energética de 2008, mostró su profesionalismo y capacidad de negociar ante las petroleras y disciplinarse ante las autoridades. También, en vista de las ofertas recibidas en seis de los 14 bloques, se concluye que sí, las secretarías de Energía y Hacienda entienden algo sobre las expectativas de la industria petrolera global. Es impresionante que los licitantes prospectivos provinieran de unos 10 países.

Políticamente fue un éxito por lo que no pasó: no hubo desfiles, plantones, pancartas ni disidentes desnudas en el Paseo de la Reforma.

Ahora bien. Sí hubo unas moscas en la sopa. Una de ellas fue la ausencia en las bases de licitación de la figura de empate técnico, que fue utilizado eficazmente por Pemex en las licitaciones en Tabasco en 2011 de los etiquetados campos maduros. Si la diferencia en las ofertas de dos o más licitantes fue de 2 por ciento o menos, se dictaminaría un empate técnico. El proceso licitatorio pasaría a otro criterio; de esta manera ganó Petrofac el primero bloque.

Otra mosca fue la falta de discreción otorgada a la CNH. Dos imperfecciones en la licitación hubieran sido evitadas con ella: la comisión hubiera dictaminado a favor de Statoil el empate técnico en el bloque siete, cuya oferta fue solo 0.7 por ciento inferior a la de Sierra y socios. Así, la economía hubiera recibido una inyección de confianza del exterior, por el prestigio internacional y el implícito visto bueno al comprometerse la petrolera noruega con México. No está en duda que Talos Energy (el socio de Sierra que sería la operadora) puede realizar las obras contempladas en las bases de la licitación, pero tampoco está en duda que no ofrece nada del carisma de Statoil.

Otra imperfección, que habría evitado la discrecionalidad, hubiera sido la aceptación de las ofertas para los bloques tres, cuatro, seis y 12, aunque estuviesen debajo de los niveles de participación gubernamental impuestos por unos “próximos a jubilarse” funcionarios de Hacienda.

g.baker@energía.com