La energía de Baker

Lo que México necesita es un Pemex 2.0

Si la Ronda Uno hubiera ocurrido con precios de 100 dólares por barril, las presentaciones de Pemex en Houston hubieran sido un circo. Pero inferiores a 50 dólares, el ambiente es más sombrío.

Con la reforma energética el gobierno abre “espacio” para la inversión privada, aunque esto más bien recuerda el espíritu de las rondas de licitación de Pemex de 2011-13, que eran adaptaciones de las rondas normadas por la Ley de Obras Públicas (LOP). No se pretende cambiar ni una coma de la narrativa nacional en materia energética.

Con relación a Pemex, el gobierno optó por la figura jurídica desconocida de “empresa productiva del Estado”, en vez de empresa de capital mixto. El país necesita un Pemex 2.0, que labore afuera de México con socios internacionales; condenarla a operar en aguas mexicanas es un destierro interno.

El gobierno no adopta los principios del mercado. La palabra “apertura” en ninguna parte se encuentra en el léxico oficial. El concepto de “competencia” es el de la vieja LOP: ya por el precio más bajo o, por su inversa, la oferta más alta.

La fe del gobierno en la administración de arriba hacia abajo rebasa su fe en las soluciones del mercado. En este sentido, entiende mal la vocación de una petrolera, que no es obrar como un albañil, pero a quien se le paga con barriles, en lugar de un salario. La vocación es más la de un científico que busca nuevos conceptos y tecnologías; la llamada revolución shale habla por sí misma de esta vocación. Llámesele “contratista,” pero su papel es el de socio.

La discrecionalidad administrativa rebasa normas internacionales y siembra inquietudes; un ejemplo es el recurso de rescisión administrativa por el que la CNH puede terminar la licencia de un operador. En el road show en Houston, en octubre de 2014, comenté que BP todavía cuenta con su licencia para el bloque Macondo. La CNH respondió: “Tal siniestro en México resultaría en rescisión”.

En realidad, el gobierno sobreestima su capacidad para vigilar y hacer cumplir las docenas de informes superfluos y autorizaciones en el modelo de contrato de la CNH. Se desalienta por la persistente ambigüedad sobre el tema del asentamiento de reservas por el contratista.

En resumen, el vaso mexicano de agua se ve medio vacío.

Dicho esto, sí hay mucha buena voluntad en Houston hacia los funcionarios mexicanos. Hay la creencia de que con la crítica constructiva y la retroalimentación oportuna de los inversionistas, los intereses de éstos y el gobierno irán alineándose.

*Editor del boletín "Mexico Energy Intelligence®" con sede en Houston.

g.baker@energia.com