La energía de Baker

Recordando a Édgar Rangel Germán

Édgar Rangel Germán fue el Wunderkind de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, el único alumno que recibió calificaciones de 10 en todas sus asignaturas. Todas. Unos años después recibió el título de doctor en ingeniería por la Universidad de Stanford. Fue el 26 de marzo de 2015 que ingresó a la Academia de Ingeniería. Era paladín de la recuperación avanzada y mejorada para incrementar la extracción de hidrocarburos.

Pudo haber tenido una carrera estelar en Estados Unidos, pero, junto con su esposa, Jenny, que también contaba con un doctorado de la misma universidad, decidió regresar a su país natal para dedicarse a la encomienda petrolera nacional.

Ingresó a Pemex E&P en una coyuntura en que estaban varios ejecutivos con títulos de posgrado de Stanford, al parecer un buen augurio. Su capacidad intelectual extraordinaria le había permitido dominar la verdad técnica extraída de los salones académicos y de libros de texto. La única cosa que le faltaba era dominar la verdad operativa que un novato ingeniero aprende en las plataformas del mar de Campeche y en los sitios y pozos en la selva de Tabasco.

Lo que hubiera encontrado es una grieta enorme entre las dos verdades: la teórica y la operativa. Hubiera tenido que enfrentar contratistas que no cumplían sus obligaciones a tiempo, con sindicalizados no preparados para las nuevas tecnologías y con presidentes municipales que demandaban donaciones. Con su bautismo de agua fría en el campo pudo haber avanzado a la dirección general, si no de Pemex, entonces de alguna petrolera internacional del primer rango. No fue así. En vez de guiar su carrera hacia el campo, los directivos le asignaron un escritorio en el área de planeación, dejándolo desarrollarse solo como ingeniero petrolero entre láminas de PowerPoint.

Evidentemente frustrado, dejó el empleo para asumir el cargo de asesor técnico del subsecretario en turno de hidrocarburos.

Después fue reclutado por la SHCP, donde trabajaría en la evaluación técnica de proyectos de inversión. Con la creación de la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), en 2008, fue postulado por el gobierno como comisionado fundador por cuatro años, y en 2013 el nuevo gobierno sabiamente le renovó su nombramiento.

El nuevo cargo le permitió aplicar sus conocimientos a las encomiendas de la comisión. Participó en mesas de trabajo sobre la quema excesiva de gas natural en las instalaciones de Pemex. Su voz contra las inversiones de Pemex en Chicontepec fue ácida: "un alebrije," dijo en una ocasión.

Aspiraba —y logró— lo que pocos en el gobierno buscan: reconocimiento internacional para él mismo y para su institución. En su caso, el reconocimiento no era solo como científico en áreas de ingeniería, sino también como interlocutor-impulsor de la reforma energética. Entendía que había restricciones y riesgos para el inversionista, pero creía que el momento era propicio para mejorar el marco petrolero del país con la participación de las compañías internacionales. En sus presentaciones, él manejaría dos temas: realismo y optimismo; así inspiraba confianza en los prospectivos inversionistas.

Era la cara técnica de la comisión en foros nacionales e internacionales. Él estaba programado para participar en un panel en San Antonio en abril y otro en Houston en mayo.

Fue en Houston, en enero de 2014, que organicé una recepción para él en casa. Éramos unos 25 asistentes, la mayoría de las petroleras y empresas de servicios en campo. Édgar presentó apasionadamente su visión crítica de la coyuntura del sector petrolero: entre varios cuestionamientos, uno fue sobre la factibilidad de que Pemex solo pudiera operar en aguas profundas. "Si quieres ir a la Luna, vete con la NASA; si quieres petróleo de yacimientos en aguas profundas, vete con una de las grandes petroleras experimentadas".

La ocasión terminó con todos agradecidos por su franqueza, sinceridad y —¿para qué negar?— valentía.

No dudo que él sintió cierta ambivalencia en su doble rol: la verdad política es que la CNH es una instancia insuficientemente aprovechada y apreciada por los legisladores y altos funcionarios. La CNH emite opiniones sobre la idoneidad de los bloques a licitar. ¿Qué más? Seguir sin discrecionalidad el guión licitatorio para la adjudicación de bloques que preparan terceros y envían por conducto de las secretarías de Energía y de Hacienda.

La última vez que escuché su voz fue unos días antes de que su corazón dejara de responder a la atención médica que por media hora se le estaba administrando. Viendo mi nombre en la pantalla de su celular, me saludó: "Hello, my friend." De repente, como suele suceder, se cortó la línea. Marqué de nuevo, pero la llamada fue atendida por la grabadora. Soltó las riendas a los 42 años, décadas antes de lo que todos esperábamos. Su ausencia deja a la CNH en una situación precaria: apenas tiene la mayoría necesaria para conducir la reforma energética.

Supongo que mi amigo no está en paz, que sigue inquieto, consternado por los pobres resultados de las tres primeras licitaciones, y esperando que los poderes Legislativo y Ejecutivo pronto se den cuenta que es contrario al interés nacional que desconfíen de la CNH, siendo que es ella la que ofrece a la sociedad la mejor seguridad de que la vigilancia pública del patrimonio de los hidrocarburos esté en buenas manos, como las de Édgar Rangel.

g.baker@energia.com