La energía de Baker

Concesión "vs" licencia

Dos cuates charlan de cómo aborda la Constitución estos términos tan parecidos, pero desiguales.

Pepito: ¿Ya viste que nadie en el gobierno te puede explicar la diferencia entre una concesión y una licencia?

Pedro: Con relación al petróleo es fácil: se prohíben las concesiones mientras la Comisión Nacional de Hidrocarburos está facultada para promover los contratos de licencia. Es más, mientras una concesión te permite explotar un yacimiento petrolero, una licencia solo te permite apropiarte de los barriles una vez que estén extraídos.

Pepito: Muy bien, güey, por tu exposición de motivos tan casuística.

Pedro: ¿Cómo casuística?

Pepito: Mi respuesta viene en dos apartados, la primera con etiqueta de historia: los constituyentes de 1917, en el artículo 27, plasmaron los conceptos de inalienabilidad e imprescriptibilidad con relación a los minerales in situ. O sea, que no puede entrar en comercio el mineral puesto por la naturaleza. Esta restricción no era obstáculo para que la figura comercial de concesión fuera la única manera por la cual los recursos minerales pudieran explotarse en beneficio de la economía y de la hacienda pública.

Pedro: O sea, ¿para ellos no había ninguna inconveniencia en contar con la figura de concesión para la explotación del patrimonio petrolero?

Pepito: Ninguna.

Pedro: ¿Y cómo es que todo esto llegó a apasionar a tanta gente?

Pepito: La prohibición contra las concesiones petroleras llegó en un una reforma al artículo 27 en 1960, cuando la llamada guerra fría. Entonces había una facción en el Senado enojadísima con el legislador Antonio J. Bermúdez, de Chihuahua, quien fue director general de Pemex. A principios de los 50, él firmó una docena de contratos con pequeñas petroleras estadunidenses por 25 años. A pesar de las múltiples demandas de los senadores, se negó a entregar el contrato modelo, al insistir en que no era competencia del Legislativo revisar un instrumento comercial.

Pedro: No sabía nada de eso.

Pepito: Para mostrar su inconformidad, el 22 de octubre de 1959 el Senado dio segunda lectura a una propuesta de reforma que decía: “tratándose del petróleo… no se otorgarán concesiones ni contratos ni subsistirán los que se hayan otorgado”. ¿Notas el veneno en lo que se refiere a las concesiones y contratos que se hayan otorgado?

Pedro: Las concesiones y contratos otorgados por Bermúdez, supongo.

Pepito: Claro. En el último día laboral del sexenio de Adolfo Ruiz Cortines se promulgó una nueva ley petrolea, cuyo artículo 6 cerró por más de medio siglo la puerta para que pudiera actuar en nuestro país una petrolera como actor económico. En la siguiente legislatura, la 44, el 20 de enero de 1960, se reformó el artículo 27 en los términos señalados en la propuesta del Senado.

Pedro: ¿Adónde vas con este discurso?

Pepito: Los peñistas de 2013 mostraron su afán para ajustar el reloj hacia atrás, hasta 1940, cuando sí se permitía la figura de concesión petrolera; solo que dejaron el anacronismo de la reforma de 1960. Querían liberarse de los candados de la ley petrolera de 1958, pero para ser consistentes en su visión debieron haber borrado las dos reformas precipitadas de 1960. Eliminaron la prohibición sobre “contratos”, pero dejaron la reforma sobre “concesiones”.

Pedro: Ya veo. Tal prohibición es una anomalía jurídica en el marco petrolero. Su presencia en el 27 de la Constitución no es porque la pidió la Virgen, sino por la rabia de unos mortales.

Pepito: Más o menos. Mientras el titular de la concesión tiene el derecho (amén la obligación) de explotar un área con exclusividad, el contratista con licencia de la CNH tiene el derecho, con exclusividad, de apropiarse del barril que salga del pozo, siendo que, en su caso, sigue siendo la nación que misteriosamente está explotando la mismo área.

Pedro: ¿Hay algo a favor de la una o de la otra?

Pepito: En la ley minera se establece la plaza de una concesión en 50 años, renovable para otro periodo igual. Este detalle, al parecer, sin relevancia, cobra mucha relevancia: da el incentivo al titular de la concesión para invertir y reinvertir, utilizando la tecnología más moderna para mejorar el factor de recuperación, incrementar la producción y bajar costos. Además, el costo administrativo tanto para él como para el Estado en una concesión es el más bajo en comparación con las demás modalidades: Se trata de pagos de regalías e impuestos, más la vigilancia pública normal sobre la seguridad industrial y medioambiental de las operaciones.

Pedro: Voy a consultar al cura de mi parroquia para que me explique el trasfondo de este asunto.

Pepito: Buena idea. Pregúntale cómo es que la nación es la que explota la riqueza petrolera, mientras con relación a los demás minerales es el titular de una concesión.

g.baker@energia.com