La energía de Baker

Aplausos y regaños (II)

Me invitaron a cenar en un restaurante griego en The Galleria, en Houston, y fui el primero en llegar. Luego arribaron dos colaboradores de la persona que agendó la reunión. Según uno de ellos, al encuentro venían su jefe, su compañero, un desconocido y este columnista de nombre y apellido gringos.

Ya en la mesa, el otro colaborador, en su celular leyó en voz alta mi columna "Aplausos y regaños". Cuando llegó a la parte de la corrupción "en algunos municipios," comentó, con ironía: "Y sobra lo de 'algunos...'".

Reunidos los cuatro, tocamos diversos temas en una conversación que duró más de dos horas, entre los temas las varias reformas en materia política, fiscal y energética.

Hablamos de los múltiples eventos en Houston sobre petróleo y en particular sobre México. "Ayer asistí a un acto en el Petroleum Club, en la Torre Total, sobre los retos que estarán por afrontar en aguas profundas mexicanas. Estaba llenísimo el salón. No había espacio para una silla más," reportó uno de mis interlocutores.

Respondí: "Hay que pensar en Houston como la universidad petrolera mundial. Cada firma con visión internacional tiene oficinas en Houston, con ingenieros y geólogos. Una excepción notoria es la de Pemex, que tiene puros licenciados y economistas en los despachos de PPI y PMI".

Insistí en que debe ser normal para el profesionista de Pemex en exploración y producción pasar al menos tres años en Houston; así podrá ampliar su red de contactos, asistir a eventos para enriquecer sus conocimientos, amén de tener oportunidades diarias para pulir su habilidad de escuchar y comunicar en inglés".

Con relación al tema cultural, una apreciación que nunca había escuchado es que, según estos personajes, para los estadunidenses y canadienses la imagen de México corresponde al norte y centro del país. "Las culturas populares del sur y suroeste no figuran en su imaginación", observó el anfitrión.

Así, pasamos a otro tema de carácter cultural, lo que etiquetamos las incógnitas de EU. Comenté que cuando impartía clases en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, no tenía una valorización adecuada de la historia y carácter sociológico de mi propio país. "Hay cosas en la cultura norteamericana que son inexplicables para el mexicano, como el que no haya bardas alrededor de la mayoría de las mansiones en la colonia River Oaks. Sería como imaginar mansiones en las Lomas de Chapultepec sin bardas".

Mis compañeros replicaron: "Para mí", dijo uno, "lo que más me llama la atención es la habilidad de tu sociedad de absorber inmigrantes. No me explico cómo en una o dos generaciones ya se identifican como estadunidenses (...) No es así en México, donde prevalece el racismo sin discutirse como aquí y donde a ningún nivel sería aceptado un afrocaribeño o un africano".

g.baker@energia.com