Articulista Invitado

La verdad no peca, pero sí avergüenza

El jefe del Departamento de Estado americano, Rex Tillerson, y John Kelly, secretario de Seguridad, sin duda perfectamente informados, han expresado que los crímenes y violencia en México, especialmente en su frontera, se deben fundamentalmente a la adicción a las drogas de sus compatriotas, consumidores importantes que ofrecen el mercado más atractivo para la venta de droga.

Reconocieron que, si no fuera por ellos, México no tendría los graves problemas de crimen organizado que enfrenta y, además, aceptaron que combatir el crimen en la frontera de ambos países es una batalla en la que los dos deben colaborar. Es admirable la valentía y honradez con que reconocen que para combatir este grave flagelo de la humanidad, lo primero es aceptarlo, analizar causas y óptimas formas de combatirlo.

Nuevo León es un estado fronterizo que se ve afectado por el narcotráfico y la guerra con que lo enfrenta el estado, nos ha afectado tanto como a otros muchos estados mexicanos.

Los últimos acontecimientos en el municipio “modelo” de San Pedro Garza García significan una prueba de que, aunque se ha reconocido como el más seguro, no está exento de hechos violentos a pesar de que cuenta con la policía cibernética más confiable, equipada y capacitada de Nuevo León. Pero la realidad aparentemente es otra y rebasó la imaginación: El mercado y el consumo de droga en San Pedro es muy grande y significa un jugoso negocio que en cinco días generó cinco asesinatos. Tristemente, incluyendo a dos policías.

Para empezar, habría que reconocer que estamos inmersos en un mercado de lujo que caracteriza a los habitantes del municipio que, en su mayoría, tienen un ingreso alto. Pocas veces se han reconocido y documentado los robos, asesinatos, chantajes y secuestros de los que se habla, pero no constan en expedientes. Mientras, se insiste en el “municipio modelo”.

No podemos negar que San Pedro y sus habitantes somos víctimas de la lucha contra el crimen organizado por el atractivo del alto ingreso y también, para reconocerlo como los políticos americanos, por el alto consumo de drogas.

Este municipio “modelo” está alejándose de su honrosa calificación porque, aunque tenga los métodos más ambiciosos, caros y sofisticados para prevenir el crimen y la violencia derivada, no ha logrado sustraerse de la realidad nacional, lamentable. Y al mismo tiempo las preocupaciones van desde la gravísima escalada de inseguridad que incluye desde robos caseros hasta balaceras en zonas comerciales altamente concurridas, y además el insignificante –en proporción– pleito por un terreno que ocupan, justa o injustamente, un grupo de niños que practican futbol americano.  

A propósito del tema del crimen organizado, la frontera y lo que nos afecta, recuerdo el colofón de una entrevista realizada hace años en Nueva York a don Raúl Salinas Lozano: “Señor senador, ¿cuándo se acabará la corrupción en la frontera de México?”. La respuesta del hombre brillante no se dejó esperar: “El mismo día que se acabe la corrupción en la frontera norteamericana. Para que exista una frontera corrupta su contraparte debe ser igual”.