Articulista Invitado

San Pedro, municipio fallido

Empezamos a soportar actos reprobables y descarados  de mala administración.

La situación del país en el sexenio de la guerra contra el narco de Felipe Calderón, llevó a cambios forzados los distintos niveles de Gobierno, obligando a los estados y municipios a obedecer protocolos que no habían previsto, y la consecuencia de aplicar acciones que nunca se hubieran imaginado.

En pocos años vimos emerger un país fallido. Hasta San Pedro, municipio modelo de México, llegaron esos efectos que se vuelven cómodos para algunos gobernantes que se escudan en la impunidad iniciada desde la Federación.

Mientras la primera preocupación era la seguridad, empezamos a soportar actos reprobables y descarados de mala administración de recursos y permisividad de reglamentos que, aunque se exhibían en los medios, no tenían castigo.

Por ejemplo, ¿quién hubiera pensado que en un gobierno municipal, como sucedió en San Pedro, hubiera pasado desapercibida por varias administraciones la violación al uso de suelo, para construir un edificio que sobrepasaba 30 metros la altura permitida, en el que ahora ha tenido que derrumbar seis pisos?

En la misma época que mantuvo a Nuevo León aterrorizado y a las autoridades tratando de salvar la seguridad, vimos un lujoso Lamborghini Murciélago amarillo sin placas ni tenencia circular por las calzadas San Pedro y Del Valle y con alarde de impunidad romper las reglas sin que nadie pudiera increparlo ya que lo manejaba un personaje todopoderoso que transitaba sin problemas, antes de ser ejecutado.

Esto pasaba en el municipio más rico de México, con la tasa de escolaridad más elevada, en donde hay más graduados de Harvard y otras Ivy Leagues que en el resto de la República, y en el que sin embargo los habitantes se veían obligados a soportar la actuación de ayuntamientos que sucesivamente rompían las reglas más elementales de respeto y que impunemente realizaban actos punibles expuestos en todos los medios.

La exhibición de la fuerza contra las organizaciones criminales sin una estrategia efectiva de la Federación, llegó a influir e hizo permisivas acciones censurables mientras los sampetrinos después de una época de sana alternancia llegaron a una partidocracia y más tarde a una lamentable cleptocracia que dominan los personajes públicos que no reciben reclamos, y sí un voto de que garantiza la continuidad, aunque no hubiera cumplido y salieran con el prestigio deteriorado.

Atrás quedaron los tiempos de doña Norma Villarreal de Zambrano, don Humberto Junco, don Jesús D. González, don Bernardo Dávila Reyes y don Enrique García Leal, por mencionar algunos, en que los gobiernos estaban cerca de las necesidades de sus gobernados y nunca dejaron dudas de su honestidad, austeridad y buena administración de los dineros públicos. A ellos jamás se les acusó, y si hubiera sucedido seguramente habría renunciado con la dignidad y el honor que siempre les fue conocido. Y que heredaron al municipio todo lo contrario en un ambiente ciudadano permisible que soporta todo.

Como dijo Jorge Villegas en su editorial del año pasado, “Se pudrió San Pedro”, que recordaba que llevamos 25 años de administraciones enquistadas que han caído en los vicios de todo partido que se perpetúa en el poder, con ausencia autocrítica, envilecimiento de funcionarios e impunidad en los actos contra las finanzas públicas.

Ahora tal parece que la libertad del artículo 115 de la Constitución nos está llevando de ser el municipio modelo, a seguir el modelo de Iguala. Esperemos no lamentar desgracias como los normalistas de Ayotzinapa en este patrón fallido en donde suceden cosas tan increíbles como que un ex alcalde sea investigado a través de sus colaboradores por supuestos sobornos internacionales, también a un ex alcalde sometido a proceso jurídico por enriquecimiento ilícito o el caso de un ex alcalde que supuestamente, obligado por las circunstancias, llegó a negociar con el crimen organizado para evitar los efectos de la guerra de Calderón en San Pedro.