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La riqueza como insulto

En México la riqueza pareciera un insulto, cuando 40 mexicanos tienen el equivalente de las reservas del Banco de México, es decir 190 mil millones de dólares, mientras que 42 millones de compatriotas viven en la pobreza y cada año aumenta la cifra sin que se pueda remediar.

Cuando existen gobernadores que traen puestos trajes de 60 mil pesos, líderes que suman en su vestimenta más de 100 mil pesos, cuando empresarios son dueños de carros de un millón de pesos y cuando la primera dama del país se gasta 84 mil pesos en un vestido hecho por un diseñador extranjero para aparecer en el festejo de Independencia.

Gobiernos entran de todos los colores y los pobres siguen siendo ignorados, porque no es posible hacer algo por ellos si ni siquiera los ricos y la clase media pueden entender sus carencias, porque son incapaces de asomarse a su mundo, la comodidad del privilegiado hace que sus conciencias mitiguen su falta de acción o la impotencia les gane.

Cierto es que más fácil es que el pobre conozca la vida de los que cuentan con recursos y de estos 40 archimillonarios, porque para eso están los medios de comunicación visuales, que trasmiten una realidad a la mitad; de los guapos, de los pudientes. Ellos los que los tienen una distorsión de la causa de la pobreza, en donde jamás son culpables, ni tienen nada que hacer.

En nuestro país existen los pobres, porque ni los gobiernos, ni los ciudadanos en general han sabido educar para concientizar del problema de los necesitados, porque vivimos un sistema en donde lo que vale y cuenta es poder comprar y tener lo que se ve a simple vista y vivir en el individualismo. Tan lastimero es, que aun dentro de las familias y conocidos no se ayuda al que lo necesita, predomina el egoísmo imperante de esta época de poca solidaridad.

Pareciera que ser pobre es ser invisible, aunque sabemos que como sociedad también vivimos las consecuencias, donde se desprenden muchos males que nos repercuten, como la delincuencia, narcotráfico, enfermedades, crecimiento desordenado de asentamientos y menos poder de compra.

Disminuir la pobreza significa tener voluntad, inteligencia y creatividad, conocer su forma de vida y  aprender de otros que lo han hecho, como de mandatarios que antes de asumir el cargo a todos sus secretarios los llevan a recorrer zonas de carencias y que 20 millones dejaron de ser pobres en su mandato y como el que dona la mayoría de su sueldo a empresas benefactoras, que vive y se presenta de manera austera. Respectivamente el caso del ex presidente de Brasil Lula da Silva  y del actual presidente de Uruguay.

Es importante que en el presente sexenio en nuestro país, se anuncie la reestructura del programa de asistencia social para realmente bajar los índices de pobreza, aunque ya se puede empezar porque todos aprendamos de los casos anteriores. Pero ahora eso es como un insulto para nuestros ricos gobernantes.

 

gemmazul@hotmail.com