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Reformar también los informes de gobierno

Por primera vez, todos los ciudadanos estuvieron al pendiente del informe de gobierno del Presidente de su nación, porque realmente querían a su país y también a su representante, porque fue elegido sin el menoscabo de credibilidad democrática.

No había la duda de que tuviera algún padrino político nefastos o grupo que le dijera qué hacer y a quién favorecer, ni que se hubiera excedido en los gastos de campaña o comprado los votos, todo eso era solo historia y suficientes razones para que la política del lugar se reivindicara como un ejercicio honesto y valorado.

Pero antes del informe hubo varios indicios que hicieron creciera el interés a esta difusión. El mandatario cambio los protocolos y el formato de su difusión, ya que además de su gabinete,  invitó al común de la gente a que asistiera a la explanada al aire libre donde pueden caber miles de personas, y donde daría su informe después de una verbena popular con música y comida. Al día siguiente acudiría al Congreso para dar lugar a un intercambio de opiniones, de preguntas y donde acudirían también ciudadanos previamente seleccionados al azar, después de hacer una convocatoria y que podían participar.

Durante el informe el Presidente lo dio, contestando las preguntas que previamente se hicieron en encuestas sobre los problemas que más le importaban a los gobernados y que dijo que hizo para solucionarlos y que hará en el futuro para continuar su acción. Además proponer de qué manera los demás pueden ayudar a solucionarlos.

También dio comparaciones claras y con lenguaje común, para que los resultados sus acciones de gobierno pudieran entenderse desde lo cercano de las familias, que se pudieran comprobar y constatar por todos.

Después de todo esto algunos no lo aceptaron, ya que hubo quien dijera que era un populista, que preferían lo de antes y como antes porque tanto cambio no podía ser posible y cierto, porque gobernantes como estos solo se dan en los cuentos mexicanos como este, que mucho tiene de idealismo.