De sueldos, salarios y gandallas

Los funcionarios públicos no perciben un “salario”, sino un sueldo. Como atinadamente sostiene el doctor Rodrigo Borja en su Enciclopedia de la Política, el salario “es la paga de un trabajador manual, mientras que el sueldo corresponde a un trabajador intelectual. Además, el sueldo generalmente se paga por períodos quincenales o mensuales, mientras que el salario se entrega por horas, días, semanas, quincenas o meses (…) Vistas así las cosas, el salario es la paga del obrero y el sueldo la del funcionario o burócrata”.

El sueldo que recibe el titular de la ASEJ, 186 mil pesos mensuales brutos (sin deducciones), no es el único en Jalisco que resulta exagerado, si se usa como referencia la remuneración mensual que percibe el Gobernador de Jalisco, que llega a los 166 mil 194 pesos. Por ejemplo, nuestra Carta Magna señala, en su artículo 127 fracción II, que ningún servidor público podrá recibir una remuneración mayor a la del presidente de la República. Al aplicar por analogía esto en Jalisco, habría una larga lista de funcionarios que suman sueldos desproporcionados, en relación al nivel de responsabilidad que desempeñan. Obvio, ninguno con mayor responsabilidad a la del Gobernador. Así que en este supuesto está el magistrado presidente del Tribunal de lo Administrativo del Estado, que gana 235 mil 875 pesos mensuales. Otro caso es el de los magistrados de las otras Salas del TAE, que tienen un sueldo de 219 mil 518 pesos. Incluso, el sueldo mensual del magistrado presidente del Poder Judicial del Estado de Jalisco, que es de 182 mil 898 pesos; así como los sueldos de los consejeros del Consejo de la Judicatura del Estado de Jalisco, que perciben 180 mil 675 pesos mensuales.

También son numerosos los casos de titulares de OPDs de Jalisco que se encuentran en esta situación, como el caso del director general del Patronato de las Fiestas de Octubre, que recibe un sueldo mensual de 105 mil pesos, a contraluz de la percepción mensual que percibe el Alcalde de Tonalá, con apenas 62 mil 820 pesos mensuales.

Supuestamente, el Comité Técnico de Transparencia y Valoración Salarial del Estado de Jalisco y sus Municipios (CTTyVS) es el responsable de atender estas asimetrías, pero este organismo tiene, en principio, mal entendido su propio nombre: no valoran salarios, sino en todo caso sueldos y dietas (remuneración por cargo o comisión de Estado). Además, es juez y parte en la evaluación de estos, pues está integrado por el Gobernador (del que se consideró ganaba poco y le recomendaba un sueldo mensual de 258 mil pesos –hoy gana 166 mil–); por el presidente del Supremo Tribunal del Estado (quien en enero de este año consideró que debería ganar un 50 por ciento más, es decir, ganar 274 mil 347 pesos mensuales); por el presidente del Comisión Estatal de Derechos Humanos; el presidente del IEPC (quien hasta hace unos días tenía un sueldo superior al del Gobernador, 187 mil 911 pesos); y un académico designado por los rectores de la UdeG, UNIVA, UAG, ITESO, UP e ITESM.

Entonces, cuál debería ser el criterio para evaluar el sueldo de los funcionarios. Podría ser por ejemplo, la relación existente entre el sueldo del funcionario respecto del PIB Per Cápita; indicador que utiliza la OCDE. Por ejemplo, el Gobernador de Jalisco recibe un sueldo anual de 132 mil 955 dólares; mientras que el PIB Per Cápita en Jalisco en 2013 es de 8 mil 411 dólares. Es decir, el sueldo del Gobernador es 15.8 veces mayor, no se diga todos los que ganan más que el Gobernador. A contraluz está el sueldo de Angela Merkel (Sueldo de Canciller Alemán), 6.8 veces superior al PIB Per Cápita. David Cameron (sueldo de Primer Ministro del Reino Unido), con una relación de 6.1 veces. Mariano Rajoy (presidente del Gobierno Español) de 3.5; y el sueldo del dirigente australiano, que multiplica 4.2 su PIB Per Cápita.

El Diccionario de Mexicanismos define al gandalla como aquella “persona que, de manera artera, se aprovecha de alguien o se apropia de algo”. Como lo documentó Milenio durante estos días, Jalisco necesita algún criterio vinculante para fijar las remuneraciones de los funcionarios públicos, que en algunos casos son, francamente desproporcionadas…

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