El “reto” de Alfaro y las tomadas de pelo

Ayer se habló en algunos medios de comunicación del “reto” que pretendió lanzar Enrique Alfaro a Héctor Robles. Muy a su estilo de hacerse notar, el ex alcalde de Tlajomulco pretende que se haga lo que él mismo califica como “revocación del mandato” en Zapopan. Cualquier diccionario electoral o enciclopedia que se consulte nos permite advertir que la revocación de mandato es una figura de participación ciudadana que, después de ser contemplada en la ley, sirve para remover a un funcionario electo por incurrir en corrupción u omisiones graves en el desempeño de sus funciones. Se trata, básicamente, de una figura para terminar anticipadamente el mandato democráticamente concedido, por voluntad de quienes lo eligieron, mediante otra elección-revocación.

Los últimos casos importantes de revocación del mandato fueron el 15 de agosto de 2004 en Venezuela, contra Hugo Chávez. Otro con el ex gobernador de California, Gray Davis, acusado por generar un déficit público al estado de California por cerca de 30 millones de dólares y fue depuesto. Recordemos que en México, el 20 de marzo de 2012, el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resolvió –por nueve votos a favor y dos en contra– que la revocación del mandato es ilegal, ya que la Constitución federal no la prevé.

El Ministro Ortiz Mayagoitia señaló que “la revocación de mandato del cargo se estima inconstitucional cuando se establece como un procedimiento diferente y aislado del régimen constitucional de responsabilidades”. Por su parte el Ministro Aguilar Morales coincidió en la “inconstitucionalidad de la norma, porque en la Constitución Federal no está prevista como una forma, de separación del cargo”. En el mismo tenor, el Ministro Valls Hernández razonó que “en este Pacto Federal (CPEUM) en ninguna de sus partes, de sus artículos, viene la posibilidad de revocación de mandato”… “Somos un régimen representativo y presidencialista en el que se elije a los representantes por un período concreto, por un período cierto y determinado, y definitivamente la revocación de mandato no está contemplada”.

Con Alfaro, en Tlajomulco, la “consulta” que realizó no la invocaron las firmas de ciudadanos inconformes que deseaban remover a su gobernante, sino un sujeto necesitado de hacer anticipadamente campaña y de recibir notas acríticas de algunos medios de comunicación siempre dispuestos a publicar la nota fácil. El acto anticipado de campaña que se realizó en Tlajomulco costó 243 mil pesos al Ayuntamiento, sin tener sustento legal alguno. Se le preguntó a los muy pocos que votaron –la mayoría acarreados– si querían que Alfaro continuara en el gobierno. El resultado fue que sí, pero no obstante Enrique dejó el cargo –supuestamente ratificado– para competir por la gubernatura, en la cual fue derrotado en una elección sí sancionada por autoridades, en casillas integradas por ciudadanos insaculados, pero que Alfaro intentó por varios días desconocer, debido a que el voto mayoritario no le favoreció.

Si la revocación del mandato hubiese estado contemplada en la ley, tal vez sí hubiese podido invocarse en Tlajomulco por el escándalo del viaje a Cuba con el Jet matrícula XB-MBW “que le prestó un amigo”, del que nunca se acreditó la propiedad frente a los medios. Incluso por el piloto de ese peculiar viaje, que Alfaro dijo que “no conocía”, y que enfrentó sendos procesos legales relacionados por el presunto transporte de sustancias prohibidas. La revocación se pudo convocar, también, por el asesinato del Director de Catastro del municipio de Tlajomulco, ocurrido en diciembre de 2010, mismo que desafortunadamente apareció embolsado en las inmediaciones de una parcela de la delegación Santa Anita, sin conocerse aún el motivo o los autores. Estas sí, todas, pudieron ser razones suficientes para convocar a revocación del mandato, claro está, si la figura estuviese contemplada por la ley.

El “circo” al que convocó en Zapopan el autonombrado factótum del partido en el cual no milita, es otra más de las tomadas de pelo para hacer campaña, conseguir la nota fácil y la reseña acrítica de un hecho que no tiene más profundidad que la insaciable necesidad de protagonismo.

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