¿Quién es el primer responsable del uso excesivo del automóvil?

El pasado 18 de marzo, el Pleno del Congreso del Estado de Jalisco avaló por unanimidad un dictamen de la mayor relevancia en materia de movilidad, el que regulariza las Empresas de Redes de Transporte [Uber, Citydrive, Cabify, p. ej.]. De éste destaca el hecho de que 1) no se limitó el número de unidades ni se fijaron las tarifas de las ERT, por lo que se atendió cabalmente la recomendación hecha por la COFECE; 2) las unidades de las ERT podrán recoger pasaje en cualquier lugar siempre y cuando sea solicitado previamente a través de una aplicación móvil, incluso si la solicitud se hace desde un punto donde esté establecido un sitio de taxi, no obstante, las unidades de las ERT no podrán hacer sitio o base; y 3) el pago por este servicio podrá ser no sólo a través de una tarjeta de crédito sino también en efectivo, lo que amplía las posibilidades de elección para usuarios que carecen de crédito bancario. Sin lugar a dudas la regularización tomó la ruta correcta, no obstante, no deja de ser irónico el hecho de que se viera tan tardada y ríspida su aprobación en una ciudad que ha sido catalogada “creativa y digital”.

Pero hay un punto que algunos sitúan a debate ¿las ERT incentivan el uso del automóvil? Al respecto debe decirse lo siguiente. Aún sin existir las ERT, Jalisco tenía en el año 2000 poco más de 730 mil automóviles, no obstante, para 2012 el número ascendió a un millón 701 mil. Por tanto, la utilización del automóvil como medio de transporte se debe antes bien a la falta de un transporte público digno, eficiente y de calidad, del que es responsable exclusivamente el Gobierno. ‘Jalisco Cómo Vamos 2014’, aporta luz al respecto, y señala que –OJO– todos los automovilistas consultados en su encuesta estarían dispuestos a utilizar el transporte público si este es seguro, rápido, cercano en cuanto al punto de origen–destino, cómodo, limpio, etc. Por otro lado, las ERT pueden mitigar la compra de vehículos en sectores amplios de la sociedad, pues quedan pocos incentivos para hacerlo: comprar un auto a crédito que se pagará al doble o más –según el plazo/crédito–, pero costará la mitad después de pagarlo, y para el que se le tendrán que destinar cuantiosos gastos a mantenimiento, gasolina y estacionamientos. Ello puede mejorar sensiblemente tanto la economía familiar o personal [por dedicar mucho menor gasto a la compra/utilización del auto] como la experiencia en los traslados. Por otro lado, culpar a las ERT de la utilización del auto como medio de transporte, es tanto como culpar a las concesionarias que los venden, pues ante el deplorable transporte público en la Ciudad el automóvil –con o sin ERT– seguirá siendo la mejor opción, mientras no resolvamos el problema de fondo, desatendido por muchas décadas.

 

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