¿Qué pasa con Ramiro Hernández?

Cuando parecía muy complicado que algún candidato del PRI lograra ganarle la elección al panista con mejores resultados electorales, al invicto Alberto Cárdenas, ocurre una sustitución en la candidatura del PRI en Guadalajara y se postula al ex senador Ramiro Hernández García. Contra muchos pronósticos de algunos sectores de su mismo partido, Ramiro y el PRI ganaron la elección en Guadalajara, para sorpresa del mismísimo círculo del hoy gobernador. No es menor cosa si consideramos que el PRI perdió en la boleta a gobernador en varios distritos donde Ramiro logró vencer. Debido a su larga experiencia en cargos públicos, a su tono mesurado y a su estilo amable y condescendiente, del expresidente del PRI Jalisco se esperaba un gobierno que ofreciera liderazgo metropolitano.

No obstante, Hernández García no ha sentido lo duro, sino lo tupido. Cuando no le llueve, le llovizna. Se podría pensar que las dificultades económicas en que recibió el Ayuntamiento y la abultada nómina son sus principales problemas. Pero en realidad el problema de Ramiro es la tibieza de su proceder, tal vez por esa buena voluntad que le caracteriza y ese estilo conciliador que pretende llevar al máximo en su trabajo diario, derivado de su formación eminentemente legislativa. Lo suyo, hasta hace algunos años, era conciliar posturas políticas, armonizar intereses y mantener cohesión entre legisladores de su bancada. Ahora que desempeña una tarea ejecutiva, ese carácter excesivamente conciliador le lleva a la inamovilidad en momentos en que se requiere decisión. Al exceso de prudencia cuando las condiciones sociales, políticas y económicas reclaman audacia y arrojo en el gobierno municipal.

Las cosas en Guadalajara no pintan nada bien para el PRI y su gobierno. Además no hay mucho que hacer en un municipio que necesita de un severo golpe de timón, pero que parece decidido a morir de inanición, en perfecto estado de salud. Su equipo de colaboradores no se ve, ni se siente, ni se escucha. Por ser la capital del estado, Guadalajara es y será el centro de los reflectores de los medios y la opinión pública. Constituye un megáfono que amplifica el accionar de la política en la zona metropolitana. En este megáfono se escucha cada semana al presidente municipal solo. Realiza la defensa de su gobierno como puede, una y otra vez ante las críticas fundadas de la opinión pública y del fuego amigo. Un equipo de colaboradores clínicamente muerto, que lejos de resolver apenas acompaña en silencio fúnebre al agobiado alcalde en un gobierno que cada día se torna más endeble…

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