Una ¿nueva generación? de políticos en Jalisco

La derrota del PRI Jalisco en 1995 fue el inicio de un cambio generacional. Jóvenes panistas arribaron al poder del Ejecutivo estatal y de los municipios. Una generación de blanquiazules de corta edad que rápidamente escaló los cargos públicos. Se autodefinían como “malos para gobernar, pero muy buenos para ganar elecciones”. Se convirtieron en obsesivos de la publicidad, la mercadotecnia y los negocios. Entendieron la obtención y el ejercicio del poder desde los principios de la mercadotecnia política, con una fijación en la envoltura, pero no en la sustancia del gobierno. Multiplicaron los presupuestos dedicados a la compra de publicidad, que intrínsecamente llevaba implícita la pretensión, a veces lograda o no, de obtener una línea editorial dócil.

Casi 18 años después, los mismos genios dedicados a “ganar elecciones” condujeron a su partido a la peor derrota, para después –varios de ellos– optar por no afiliarse más al partido de la ubre que mamaron hasta engordarse de negocios y fortunas inexplicables. Una generación que desdeñó a “los viejos”, “los pasados de moda”, “los obsoletos” cuadros del panismo que se ofendían por el arrebatado proceder de estos mercaderes de la política, fariseos del poder, empedernidos de los negocios. Una parte importante de esta generación de “nuevos cuadros” no se reafilió al PAN, otros son ya incondicionales de los autonombrados “ciudadanos” con partido.

La enorme carga negativa creada por el sexenio de la corrupción de Emilio González y Herbert Taylor llevaron a la quiebra de la mercadotecnia que les permitía realizar negocios desde el poder. Una división interna alentada por el ex gobernador debilitó aún más al candidato del panismo hasta situarlo en el tercer sitio. Desde entonces, los jóvenes de la nueva generación están concentrados en administrar la derrota, en negociar las migajas tricolores o los prometidos dividendos color naranja. Muy poco queda de los valores y principios que animaron la competencia del PAN en Jalisco.

No obstante, estos aferrados de la publicidad e indiferentes del modo en que se ejerce el gobierno, fueron sustituidos por otros jóvenes, de extracción tricolor. Con honrosas excepciones, esta generación no desaprovecha la ocasión para estirar la garra y manotear cualquier peso que pase cerca: Contratos, obras, constructoras, empresas proveedoras de servicios para el sector público. Neo empresarios y políticos a la vez. Influyentes jóvenes, de breve o nula carrera partidista, hambrientos de cualquier oportunidad para llevarse su comisión y lo que por ley no les corresponde. Valores corregidos y aumentados para el ejercicio del presupuesto público, eso sí, con cambio de partido. Como diría un priista de viejo cuño –de esos que dicen son dinosaurios– pero que ganó en la capital de Jalisco: “Casi todos tienen una constructora, proveedora o negocio que recomendar”. Un relevo generacional del gobierno que cambió algunas cosas, para seguir igual en lo esencial: indiferentes frente a la corrupción, desatendidos del gobierno e interesados en los negocios.

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