Los medios, ¿privados o públicos?

El día de ayer se inauguró el Primer Congreso de Comunicación Pública Contingente 1.0, en el Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas, de la Universidad de Guadalajara, organizado por la Coordinación de la Licenciatura en Comunicación Pública de esta Casa de Estudios. Este Congreso abordará diversas temáticas con respecto al periodismo, la comunicación pública, los  medios públicos y la democracia en México. Una provocadora discusión que nos lleva a reflexionar sobre lo que significa el carácter público de algunos medios y de qué tan privados son los medios denominados “comerciales”.

Una definición ortodoxa señala que los medios públicos son aquellos que se financian con recursos públicos. No obstante, los medios de comunicación no necesariamente son públicos por el origen de su financiamiento, sino sobre todo por los fines que persiguen con su programación y por su aportación a la formación de ciudadanía.

Incluso, aquellos medios de comunicación que denominamos “medios comerciales” o “privados”, en gran medida también reciben recursos públicos del erario. Esto porque un porcentaje considerable de sus ingresos devienen de la esfera pública, debido a la inversión publicitaria que hacen en ellos el gobierno federal, los estados y municipios, el Poder Legislativo federal y los congresos locales, el Poder Judicial federal y el de los Estados, los Organismos Constitucionalmente Autónomos, las universidades públicas y en general, la Administración pública del Estado mexicano.

De esta manera, si partimos de la definición ortodoxa de los medios públicos, tendríamos que decir que los “medios comerciales” son, en una buena, también públicos. A efectos de ilustrar lo anteriormente, baste con señalar que durante el Sexenio de Felipe Calderón, sólo el gobierno federal destinó poco más de 39 mil 040 millones de pesos para publicitar su gestión en medios “comerciales”; y que el 58 por ciento de este monto se destinó a radio y televisión, esto es, poco más de 22 mil 553 millones de pesos. Para situar en contexto estas cifras consideremos, por ejemplo, que los canales públicos nacionales que más recursos reciben para su operación son Canal 11, con 612 millones de pesos; y Canal 22, con 201 millones de pesos. Mientras los medios “comerciales” se llevan más de cinco mil millones de pesos anuales, sólo del gobierno federal, los canales públicos nacionales no llegan al 12 por ciento del total que recibe la televisión comercial, solo del gobierno federal.

Aunado a lo anterior, habrá que considerar a toda la lista antes mencionada de órdenes, niveles e instituciones de gobierno para darnos una idea aproximada de cuánto representa la inversión publicitaria de estos sobre el total de ingresos que por publicidad obtienen los llamados “medios comerciales” o “privados”. No hay  muchos datos al respecto, pero bien se puede inferir que si por las fuentes de financiamiento distinguimos a los medios, las principales cadenas nacionales de TV y Radio también tendrían un componente público importante, pues en esencia reciben al menos diez veces más dinero público que los medios públicos.

Si comparamos el financiamiento de los canales públicos con los medios públicos en Europa, por ejemplo, parecen ser pocos o insignificantes los recursos que se invierten en México. Si se reconoce que el recurso fiscal es cada vez más escaso en este país, entonces resulta también absurda la restricción de la ley para que los medios públicos obtengan dinero de la iniciativa privada, mientras que los que se dicen “privados” se llevan al menos diez veces más recursos del presupuesto, respecto del que se invierte en medios públicos.

De esta manera, resulta conveniente preguntarse si los denominados medios “comerciales” o “privados”, que reciben a través de la publicidad de las instituciones públicas una fuerte tajada del presupuesto público, deberían tener una mejor regulación en la difusión de sus contenidos audiovisuales, es decir, exigirles también como a los medios públicos, mejores contenidos de mayor calidad, que informen y formen audiencias. Ya lo decía Karl Popper “cualquier poder, y sobre todo un poder gigantesco como el de la televisión, debe ser regulado”.

Más en TVMORFOSIS: 1, 2 y 3 diciembre en el marco de la FIL.

 

@gabriel_torrese