La mariguana ¿debe legalizarse?

El 29 de diciembre de 2013, Mario Vargas Llosa escribió: “Respecto a las drogas prevalece todavía en el mundo la idea de que la represión es la mejor manera de enfrentar el problema, pese a que la experiencia ha demostrado hasta el cansancio que no obstante la enormidad de recursos y esfuerzos que se han invertido en reprimirlas, su fabricación y consumo siguen aumentando por doquier, engordando a las mafias y la criminalidad asociada al narcotráfico. Este es en nuestros días el principal factor de la corrupción que amenaza a las nuevas y a las antiguas democracias y va cubriendo las ciudades de América Latina de pistoleros y cadáveres” (El Informador, 29 de diciembre de 2013).

Tras la legalización de la mariguana en el estado de Colorado, Washington se apunta como el segundo estado en que se legalice la venta y consumo. Con estos dos botones de muestra, tres estados más se sitúan en la liza de la legalización: Alaska, Oregon y Maine. Los datos del avance inminente de este tipo de reformas en el principal país consumidor de drogas son demoledores. Todo indica que la política antidrogas de Estados Unidos estará por redefinirse en los siguientes años, a la luz de la presión social del amplio margen de consumidores votantes. Un parteaguas tan relevante como el ocurrido con la legalización del alcohol a finales de los años 20 en la Unión Americana. En Uruguay ya se legalizó la producción, venta y consumo. En México se destinan miles de millones a la política prohibicionista, pero el consumo aumenta proporcionalmente al gasto para combatirlo. El resultado es contundente: los esfuerzos en la política prohibicionista, en general, fracasaron.

Los mexicanos hemos pagado caro aprender la lección en cabeza propia. Poco más de 70 mil muertos relacionados con el narcotráfico en el sexenio de Felipe Calderón, más los que van con Peña Nieto. La causa, un negocio rentable capaz de minar las principales instituciones y fuerzas públicas de este y los países que intervienen en el proceso de ingreso al principal mercado mundial de droga: Estados Unidos.

Mas allá de los dogmas y prejuicios (que son muy respetables), está el problema del crimen organizado que se nutre de un jugoso negocio que el Estado es incapaz de combatir, ni siquiera de inhibir. Un discurso hipócrita que nos cuesta muchas vidas, mientras que los principales destinatarios del narcotráfico (Estados Unidos) paulatinamente legalizan en varios estados la venta, producción y consumo. En tanto, la mojigatería de nuestros políticos nos mantiene en la triste posición de sólo aportar los muertos.

 

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