La “kermés” de las regidoras de Guadalajara

Contra todos los pronósticos, la regidora Elisa Ayón se vio en la circunstancia de solicitar licencia al cargo de regidora –que es irrenunciable-, después de ser removida, también, de su responsabilidad como Secretaria General del PRI. El control de daños del tricolor consistió en cortar de raíz el problema de la maestra, que se transformó en un personaje muy incómodo para los grupos de su partido y para la oposición. Cuando las declaraciones de Elisa Ayón dieron a entender que podría no aceptar la sutil invitación del presidente municipal a separarse del cargo, la Fiscalía General metió el derechazo de la investigación, que siguió del zurdazo del segundo audio difundido por La Crónica. Así, el uno dos terminó por noquear a la singular regidora. Tal vez si desde el inicio de la exhibida, la regidora hubiese sopesado bien el alcance del problema y los actores que podrían coincidir en su salida, el daño no hubiese sido tan costoso para su carrera política y para los activos del partido en el que dice orgullosamente militar.

Apenas se anunciaba la salida de la profesora y otra fiesta desataron los vivillos de Movimiento Ciudadano. Esta vez señalan a la regidora Verónica Flores, hay que decirlo, con mucho menos pruebas. Los naranjas la acusan de participar en una red de corrupción por la venta de quioscos para ambulantes en Guadalajara. Incluso, la ofensiva de audios pretende involucrar al ex senador y ex secretario general del ayuntamiento, Tomás Vázquez Vigil. Cuando los periodistas abordaron a la regidora Verónica Flores, en la natural reacción que deben buscar por las sendas acusaciones que le imputan desde la oposición, la representante popular acudió a una muy pobre defensa de su circunstancia al exclamar: “¿De qué se trata? Esto no es kermés”, tal como lo relata la nota de Melina Gil en mural.com

Ramiro Hernández entró como emergente a una candidatura que muchos priistas consideraban perdida, debido a la racha de victorias que acumulaba el ex gobernador Alberto Cárdenas, quien hasta antes de esta elección se mantenía como invicto en los cargos de elección popular a los que se había postulado. A pesar de no ser parte de la joven generación de políticos del PRI que plantean la renovación generacional, Ramiro Hernández consiguió un importante triunfo en el gobierno de la capital de Jalisco –donde Alfaro ganaría la mayoría de los distritos en la boleta gobernador- además, frente a un ícono del panismo que derrotó al PRI -con Alberto Cárdenas- para conseguir la alternancia en el Ejecutivo estatal en 1995. Ramiro le ganó al político panista que impulsó la salida del tricolor en la gubernatura. Logró mayoría de votos frente a ese que fue secretario de Estado y senador de la República, con porcentajes de votación históricos.

No obstante, su gobierno municipal se encuentra en franca crisis debido al desempeño de algunos de sus colaboradores. Primero Tomás Vázquez, su secretario general. Ahora, las dos regidoras que armaron tremenda kermés para un gobierno y un partido que dilapida con extremada rapidez lo que consiguió después de 18 años en la oposición. Lo que ganó Ramiro cuando refrendó el triunfo para el PRI en Guadalajara, se lo arrebatan grotescamente sus regidoras y sus colaboradores más cercanos. La corrupción en Guadalajara es un sol que no se puede tapar con un dedo. Esta profunda crisis debe ser el momento para que gobierno y partido midan los alcances del modelo de reparto corporativo en que se encuentra el Ayuntamiento, del tamaño de la nómina y de la necesaria reestructuración del gobierno para asegurar que el usuario de los servicios municipales deje de ser extorsionado por la administración pública y el gobierno municipal.

Ramiro Hernández debe asumir el legítimo cargo de autoridad que los electores le confirieron. Es un hombre prudente, respetuoso de las formas y conocedor de las reglas no escritas que rigen en su partido. No obstante, enfrenta una circunstancia financiera compleja y padece de los escándalos recurrentes de sus colaboradores. El presidente debe tomar, ahora sí, el control que legítimamente le corresponde de las áreas estratégicas del gobierno bajo su responsabilidad. 

@gabriel_torrese