El inmenso poder del futbol televisado

El gobierno de Dilma Ruosseff calcula que el Mundial de Futbol dejará a Brasil una derrama económica de 27 mil 700 millones de dólares. Obviamente es un cálculo muy alegre, tal vez como el que en su momento se hizo para los Juegos Panamericanos de Guadalajara, que finalmente dejaron endeudado por varias generaciones al gobierno de Jalisco, mientras los promotores de la justa deportiva se llenaron los bolsillos, en un “agosto” sin precedentes que los volvió acaudalados hombres de empresa.

Según datos oficiales publicados por El financiero, el gobierno brasileño se gastó “14 mil millones de dólares en infraestructura y seguridad” para la justa mundialista. Para contextualizar, según IBOPE en este país se invirtieron en 2013, nada menos que 50 mil 671 millones de dólares en toda la publicidad. Los derechos de transmisión de televisión del futbol brasileño –Campeonato Brasileño de Serie A- se vendieron en 610 millones de dólares. Es importante destacar que el gasto publicitario anual de Brasil representa el 8.7 por ciento del total de inversión publicitaria anual del mundo. De ese tamaño es la importancia, la fuerza y los intereses en este singular país.

Si la FIFA estima obtener 4 mil millones de dólares por la venta mundial de los derechos de transmisión, patrocinios y publicidad de esta edición del mundial de Futbol; esto quiere decir que solamente esta justa deportiva representa 6.5 veces lo que anualmente generan todos los equipos de futbol profesional por concepto de derechos de transmisión en televisión en Brasil. Esto nos ayuda a explicar por qué, a pesar de las protestas, críticas fundadas y resistencias, el futbol, televisado es un negocio impresionante, capaz de mover voluntades de gobiernos de izquierda y de derecha, a golpe de billetazos.

Seguramente se preguntará ¿de dónde se obtienen tantos millones de dólares a partir del futbol televisado? Veamos. Consideremos que según datos de Forbes México, “más de 3,200 millones de personas vieron la cobertura en vivo del Mundial de Sudáfrica en 2010, al menos un minuto”.  Según esta misma fuente, la audiencia oficial promedio fue de 188.4 millones para cada partido (Forbes México; “Televisión, el gran negocio del Mundial”; 9/Jun/2014).

Se estima que 530 millones 900 mil personas vieron la final entre España y Holanda durante el Mundial Sudáfrica 2010, según el “promedio mundial de audiencia casera” de la FIFA. Sin embargo, se alcanzaron los 1,000 millones de televidentes, si se consideran las personas que vieron el partido en lugares públicos (El Financiero; “El jugoso negocio de Brasil 2014”; 22/May/2014). De esta forma, el gran negocio mundial de la inversión publicitaria gira preponderantemente alrededor del futbol, precisamente por los exorbitantes niveles de audiencia televisiva que reporta.

Por tanto, no hay que satanizar el futbol o el deporte como entretenimiento, ni mucho menos plantear la falsa disyuntiva inversión en infraestructura deportiva versus hospitales, carreteras, aulas, obra pública, etc. El Mundial de Futbol, y cualquier evento global deportivo, con un manejo eficiente de los recursos públicos puede generar enormes ganancias económicas y de infraestructura para el país sede. Agreguemos, además, el impulso mundial de la cultura y sociedad del país sede y del turismo a través del medio de comunicación más poderoso y de mayor penetración en el mundo: la televisión. Así pues, mientras que aproximadamente 14 mil millones de dólares invirtió Brasil en infraestructura y seguridad para la justa mundialista, el gobierno brasileño prevé que el Mundial le genere una derrama económica de 27 mil 700 millones de dólares (Excélsior; “Copa del Mundo generará 27 mil 700 mdd, según gobierno brasileño”; 7/Abr/2014).

El gran problema de una justa deportiva de esta envergadura no es la correlación inversión contra derrama económica, que claro está sostiene una balanza favorable. Lo que es motivo de una crítica fundada tiene que ver con los pillos que buscan, a través de la organización de grandes torneos, amasar mediante corrupción inmensas fortunas que terminan por desvirtuar lo que el sano entretenimiento del deporte puede aportar para los países anfitriones.

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