El error de hacer de la cónyuge, una “primera dama”

La doctora colombiana en periodismo, Zenaida Osorio, escribió un interesante libro: Primeras damas: historia de un concepto. El título de Primera Dama, o First Lady, surgió en el año de 1877 cuando la escritora estadunidense Mary Clemmer Ames se refirió a Lucy Webb Hayes, esposa del presidente Rutherford B. Hayes, como “The first lady of the land (Primera dama de la tierra)”. Desde entonces se concede en los medios de comunicación -en países democráticos- el título honorífico de “Primera Dama”, a la cónyuge del Presidente. No obstante, en los textos legales estos privilegios que los medios asumen como legítimos, no tienen mayor soporte normativo. En la monarquía, quien contrae nupcias con el monarca adquiere los privilegios, pero en una República democrática, la primera dama no es mas que el resabio de un nepotismo que se asume legítimo.

Cuando se leen estas crónicas ridículas en la prensa, se escuchan en radio o se ven en la televisión, habría que preguntarse que si hay “Primera Dama”, ¿existen “segundas damas”? Peor aún, ¿damas de tercera, cuarta, quinta, etc.? De igual forma, ¿no es muestra evidente de nepotismo que las esposas de los Presidentes sean las titulares del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), un OPD? Incluso estas figuras dan lugar para que se extrapolen las cosas, que llegan al punto de lo inconstitucional, como fue con Vicente Fox, que públicamente advertía sobre que él y Marta Sahagún eran “una pareja que compartimos decisiones, que trabajamos por México. Somos una pareja presidencial” (El Universal; “Fox defiende ‘pareja presidencial’; 7/Marzo/2003). El artículo 80 de nuestra Carta Magna señala que el Supremo Poder Ejecutivo se deposita en “un sólo individuo”.

Abonar a la ridícula idea de las primeras damas nos llevó, también, a casos como el de la “Pareja imperial” de José Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda. Para el caso de la “Casa Blanca” de Peña Nieto, el vocero de la presidencia señaló que la Primera Dama no es servidor público porque “ocupa un cargo honorario, no percibe ingresos”. No obstante, el 108 constitucional encuadra el servicio público por el cargo o la función, no por el sueldo. Menciona a todos los que desempeñen un cargo de cualquier naturaleza en la administración pública federal, y el DIF nacional es un OPD que este año ejerció poco más de dos mil 341 millones de pesos. Así que una parte del problema que ahora enfrenta el Presidente, tiene que ver también con esa idea de que la cónyuge del Ejecutivo, deben ser una suerte de “primera dama”…

 

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