Del cuarto, a la guerra por el poder en Jalisco

Esta semana un partido y su gobierno municipal se dijeron agredidos por los presuntos propósitos de un “cuarto de guerra” o “mesa de estrategia” y organizaron sendas ruedas de prensa para “romper” lo que no tiene arreglo. Lo que legítimamente aspira a obtener el mandamás del Partido Movimiento Ciudadano es justamente lo que hoy ejerce el Revolucionario Institucional: el poder. Ese no se comparte. En todo caso se mantiene, pierde o disputa, y de eso se trata todo esto. La maniobra política, concebida por otro “Cuarto de Guerra” que cobra (mejor) en Tlajomulco (pero más discreto), acusa al menos tres objetivos. 


Primero, victimizarse ante la opinión pública. Mostrarse como los mártires del gobierno del Estado, aunque ellos mismos sean titulares del gobierno en Tlajomulco. Segundo, vacunarse contra lo que puede ser un problema de proporciones mayores para el grupo político que gobierna en Tlajomulco, debido a las omisiones reiteradas del gobierno municipal con respecto a la contaminación de la Laguna de Cajititlán. Un litigio que iniciaron 50 ejidatarios en todo su legítimo derecho de protestar por la destrucción de la pesca y la agricultura, su modo de vida. Un reclamo ninguneado por la autoridad municipal que amenaza con hacer crisis en plena época electoral. Ahora ya encontraron a quien culpar en caso de que el curso legal del asunto conduzca a sanciones.


Tercero. Ya victimizados y vacunados de sus omisiones, el tercer objetivo naranja es romper. Sí, romper con los acuerdos que oficiosamente “la burbuja” ha planteado para encontrar un ganar, ganar en el siguiente proceso electoral. Asunto que a Enrique Alfaro le permitió cobrar tiempo hasta que ocurriese el perfecto pretexto para indignarse y terminar el diálogo (que ocurría y él mismo acepta que participaba) mientras salen candidatos y puede medir mejor los nuevos términos, para luego… volver a tomarles el pelo. Incluso, reanudar negociaciones, pero con condiciones que satisfagan la indignación del ala naranja. Romper… para ganar… Una fórmula bien ensayada por Enrique primero con el PRD, después con el PRI cuando creían que habían acordado la candidatura a senador y, ahora, con los influyentes del gobierno en la antesala de la competencia por la capital de Jalisco (lo más seguro es que no aceptará ir por Zapopan).


Pero como ayer escribió en su columna Diego Petersen: “mordieron el anzuelo y se subieron… al ring”. No era necesario engordar el caldo. Fue tan evidente la victimización como acto previo al inicio de las precampañas, que por su propio peso hubiera caído la intentona. Con la sobria respuesta de Gonzalo Sánchez, titular de comunicación social, era más que suficiente. Sobre todo porque el factótum de Movimiento Ciudadano no acudió a la rueda de prensa del pomposo rompimiento. En MC se guardaron la última vuelta de la tuerca naranja para apretar en mejor ocasión. Pero del lado tricolor aplicaron fuerza innecesaria. Así que, ya gordo y caliente el caldo, ayer el diputado Clemente Castañeda incurrió en una suerte de bullying, al todavía solicitar comparecer ante el Congreso a dos funcionarios. 


Seguramente tanto en el gobierno del estado como en el de Tlajomulco tienen “mesas de estrategia” o “cuartos de guerra”. En uno y otro se maquilan encuestas (que ambos lados presumen en cortito para vender futuro), se perfilan escenarios y se planea cómo maximizar los errores del adversario y minimizar los propios. En los dos se “invierte” en “publicidad” en busca de mejor y mayor exposición. El gobierno del Estado surgió del PRI, como el de Tlajomulco acusa hoy una abierta filiación naranja ¿Alguien lo duda? “La sana distancia entre el Ejecutivo y su partido político”, a la que ayer se refirió en su columna de Mural Pablo Lemus, ¿existe entre el Presidente Ismael del Toro y Movimiento Ciudadano? ¿Existió durante los rompimientos entre el hoy presidente del Congreso –representante formal del legislativo- y su partido MC? Lo del “cuarto de guerra” hay que analizarlo sin pretender cortarnos las venas. Lo cierto es que ocurre en ambos bandos. Eso sí, con contundentes diferencias en los resultados y en la discreción para realizar sus tareas.